La hechicera y la canoa de Glooskap
En los tiempos antiguos, Glooskap se encontró con una hechicera que había tomado la apariencia de una hermosa muchacha. Ella creía que él no iba a reconocerla y le pidió que la llevara en su canoa.
Una colección para descubrir
Cuentos mi’kmaq, passamaquoddy y penobscot en el testimonio de Leland.
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Glooskap puede enfrentarse a un ser gigantesco y quedar desconcertado ante Wasis. Lox lleva sus engaños demasiado lejos, y la Perdiz construye una canoa que no se parece a las demás. El poder, el deseo y el cuidado toman formas cambiantes en estas historias.
La colección mantiene las atribuciones mi’kmaq, passamaquoddy / peskotomuhkati y penobscot / penawahpskewi que documenta cada relato. Algunas versiones combinan tradiciones, y en la búsqueda del verano no puede fijarse la nación del narrador llamado Neptune. Wabanaki es aquí el marco del conjunto, no una identidad única que borre esas diferencias.
Para leer sin apuro
En los tiempos antiguos, Glooskap se encontró con una hechicera que había tomado la apariencia de una hermosa muchacha. Ella creía que él no iba a reconocerla y le pidió que la llevara en su canoa.
Glooskap tenía un enemigo: un poderoso hechicero que, después de probar otras maneras de matarlo, se había convertido en una gran serpiente.
Hace mucho tiempo, dice este relato, las serpientes de cascabel eran personas muy insolentes. No se dejaban callar y enseguida volvían a provocar.
Muy al norte, sobre una gran roca al final del cielo, vivía Wuchowsen, el enorme pájaro blanco al que llamaban el que hace soplar el viento. Cada vez que movía las alas, el viento recorría el mundo.
En los tiempos antiguos había una aldea escondida entre montañas. Sus habitantes vivían bien: cazaban y trabajaban, y tenían cerca un arroyo de agua excelente. Pero no había otra fuente en toda la región, salvo algunos charcos de lluvia. Nadie había encontrado un manantial.
Glooskap había vencido a todos sus enemigos: gigantes, hechiceros, espíritus del aire nocturno y seres capaces de devorar personas. Un día se puso a pensar si ya habría terminado su tarea.
En los tiempos antiguos vivía una familia de gigantes hechiceros: un padre, tres hijos y una hija. Comían hombres, mujeres y chicos, y el mundo estaba cansado de sus crueldades.
En los tiempos lejanos, cuando la gente vivía todavía en la mañana roja anterior a la salida del sol, Glooskap viajó hacia el extremo norte, donde todo era hielo.
Lox, el Glotón, había muerto muchas veces y otras tantas había vuelto a la vida. Una tarde de invierno cruzaba un páramo desolado sin manta ni abrigo, salvo su propio pelaje. El viento cortaba; caían nieve, granizo y lluvia helada.
La vieja Osa confiaba en todo el mundo. Compartía una vivienda apartada con otra mujer; los vecinos estaban tan lejos que casi no podían llamarse vecinos.
En una historia de los tiempos antiguos, Lox salió a recorrer el mundo bajo la forma de Hespuns, el Mapache. Podía andar con muchos disfraces.
Lox vivía en el bosque con su hermano menor, un chico pequeño. Al llegar el invierno se internaron entre los árboles para cazar y encontraron un lago enorme cubierto de aves: gansos, barnaclas, patos negros, patos del bosque y muchas especies pequeñas.
Un hombre y una mujer vivían lejos de otras personas, en medio del bosque. Su único hijo creció fuerte e inteligente. Un día les pidió permiso para salir a conocer otros hombres y mujeres. Sus padres sintieron tristeza, pero lo dejaron partir.
Un otoño, un hombre, su esposa y su hijo pequeño viajaron muy lejos hacia el noroeste para cazar. Encontraron un buen lugar para pasar el invierno y levantaron su vivienda. Él traía presas; ella preparaba y secaba la carne; el chico jugaba a cazar pájaros con su arco.
En los tiempos antiguos, diez familias subieron en canoa por un afluente del Saguenay que se internaba hacia el norte, en la tierra de hielo y nieve. Era otoño y pensaban pasar allí todo el invierno cazando.
Una joven recogía arándanos en el monte Katahdin. Se sentía sola.
Un cazador salió desde el brazo oriental del río Penobscot, siguió otro curso de agua y llegó al pie del monte Katahdin. Cazó muchos días solo, sin encontrar a nadie.
Una mujer fue a la orilla de un lago y se acostó a dormir. Al despertar vio salir del agua una gran serpiente de ojos brillantes. Se acercó a ella y la envolvió en un abrazo que la mujer no pudo impedir.
En los tiempos antiguos había una mujer muy hermosa. Se casó y su esposo murió poco después. Ella volvió a casarse. En un solo año tuvo cinco maridos, todos admirados por su inteligencia, su aspecto y su valor. Los cinco murieron.
Dos hombres vivían juntos en una vivienda del bosque, junto a un lago hermoso donde se reflejaban los árboles. Uno era Pulowech, la Perdiz; el otro se llamaba Wejek, la Perdiz del Árbol.
Un viajero cruzaba el bosque cuando oyó a lo lejos pasos que golpeaban el suelo. Quiso encontrar a quienes hacían aquel ruido. Caminó una semana entera hasta llegar a un árbol alrededor del cual bailaban un hombre y una mujer.
Cuando una perdiz golpea un tronco hueco, su tamborileo se parece al ruido de alguien que trabaja en una canoa. Y los golpes sobre una canoa pueden sonar, a lo lejos, como una perdiz. Este cuento explica por qué.
Dos hermanos fueron a cazar en otoño hasta las cabeceras del Penobscot. Pasaron allí el invierno. En marzo ya tenían gastadas las raquetas y los mocasines, y desearon que hubiera una mujer para arreglarlos.