BibliotecaLos gigantes de Saco
Cuatro grandes peces con marcas claras detrás de la cabeza nadan río abajo entre corrientes azules.

Nordeste de América del Norte · Penobscot · Relato tradicional

Los gigantes de Saco

Relatos wabanaki · testimonio histórico de 1884

6 min de lectura*14+ años · edad orientativa*
Empieza la historia

En los tiempos antiguos vivía una familia de gigantes hechiceros: un padre, tres hijos y una hija. Comían hombres, mujeres y chicos, y el mundo estaba cansado de sus crueldades.

Mucho antes, Glooskap había sido amigo de ellos. Había adoptado al padre como padre propio, a los hijos como hermanos y a la hija como hermana. Pero al escuchar lo que hacían resolvió visitarlos.

—Voy a averiguar si es verdad. Si lo es, morirán. No voy a perdonar a quienes oprimen y devoran personas, sean quienes sean.

La familia vivía en Samgadihawk, Saco, sobre la llanura arenosa del lecho de verano del río, entre las Montañas Blancas y cerca de la morada de los seres del agua.

El padre tenía un solo ojo y el pelo medio encanecido. Glooskap tomó exactamente su aspecto. Entró en la vivienda y se sentó a su lado.

Al oír voces, los hermanos se asomaron. No podían distinguir cuál era su padre.

—Es un gran hechicero —dijeron—. Pero antes de irse lo vamos a poner a prueba, y le va a costar caro.

La hermana cocinó una cola de ballena para el visitante. Apenas la dejó en el plato, sobre sus rodillas, entró el hermano mayor.

—Esto es demasiado bueno para un mendigo como vos.

Se llevó la comida a su propia vivienda.

—Lo que me dieron es mío —dijo Glooskap—. Por eso lo recupero.

Sin levantarse, deseó que volviera. La cola de ballena salió volando y cayó otra vez en su plato. Glooskap se la comió.

Los hermanos repitieron que era un gran hechicero y que todavía faltaba ponerlo a prueba.

Trajeron una enorme mandíbula de ballena. El mayor hizo un gran esfuerzo y consiguió doblarla un poco con los dos brazos. Se la pasó a Glooskap. Él la tomó entre los dedos y la quebró como si fuera el tubo de una pipa.

Los hermanos volvieron a pronunciar su amenaza.

Después trajeron una gran pipa llena de un tabaco tan fuerte que ninguna persona sin poderes habría podido fumarlo. La hicieron circular y expulsaron el humo por la nariz. Glooskap llenó otra vez la pipa, la encendió, consumió todo el tabaco de una sola aspiración y soltó el humo de una sola vez.

Enojados, los hermanos insistieron en que todavía tendría que superar otra prueba. Fue la última vez que lo dijeron.

Siguieron fumando dentro de la vivienda cerrada: esperaban asfixiarlo. Pero él fumaba con la misma tranquilidad que si estuviera en la cima de una montaña. Al fin fueron ellos quienes no pudieron soportarlo.

—Esto no sirve. Vamos a jugar a la pelota.

Salieron a la llanura arenosa junto a la curva del río. Cuando empezó el juego, Glooskap vio que la pelota era un cráneo vivo. Le perseguía los talones, tratando de morderlo. A una persona común le habría arrancado el pie.

Glooskap se rio.

—Así que este es el juego. Muy bien: juguemos cada uno con nuestra pelota.

Fue hasta un árbol al borde del cauce y quebró la punta de una rama. La madera se convirtió en un cráneo diez veces más terrible que el otro. Corrió detrás de los hechiceros como un lince persigue conejos. Quedaron completamente vencidos.

Entonces Glooskap golpeó la arena con el pie. Desde las montañas bajaron aguas furiosas y el estruendo llenó la tierra. Cantó una canción que transforma a los seres: el padre y los tres hermanos se convirtieron en chinahmess, peces tan largos y grandes como una persona.

La inundación los arrastró al mar profundo, donde quedaron para siempre. Cada uno llevaba un collar de wampum. Por eso, dice la historia, el chinahmess tiene una marca de collar debajo de la cabeza, alrededor del cuello.

Habían sido grandes hechiceros, pero antes de irse fueron puestos a prueba, y la prueba les costó caro.

La voz que cuenta termina afirmando: esta es una historia verdadera; Glooskap fue grande en su tiempo, y llegará el día de ir a verlo.

Fin

¿Una historia para recordar?

Podés volver siempre que quieras.

Detrás de esta historia.

Imagen simbólica: Un libro abierto ante una costa de bosque, con una canoa pequeña y varias hojas separadas que sugieren fuentes distintas.
Ilustración de su mundo literario

Recopilador y editor de la fuente inglesa

Charles Godfrey Leland

Charles Godfrey Leland reunió The Algonquin Legends of New England, publicado en 1884. El libro recoge relatos mi’kmaq, passamaquoddy y penobscot por medio de narraciones, manuscritos y colaboradores identificados. Leland seleccionó y reelaboró ese material; algunos capítulos combinan versiones o declaran cambios....

Conocé su historia
Imagen simbólica: La silueta paisajística de una montaña sobre un río y una pequeña flor en primer plano.
Ilustración de su mundo literario

Narradora penobscot / penawahpskewi

Marie Saksis

Marie Saksis es una narradora penobscot mencionada por Leland con variantes del nombre, entre ellas Maria Saksis y Marie Sakis. Su lista de autoridades la vincula con Oldtown, y los cuentos seleccionados la identifican como fuente de Wasis, los gigantes de Saco...

Conocé su historia

Una historia, varios caminos.

Para conversar después

Ideas para compartir una vez que termina la historia.

Propuestas de lectura de Mitos y cuentos

Ideas y preguntas de nuestro equipo editorial para seguir pensando la historia. Podés elegir las que te interesen o quedarte con tu propia lectura.

Con chicos

Para conversar con chicos

Las pruebas parecen juegos o invitaciones, pero esconden peligro. Podemos conversar sobre la diferencia entre jugar con reglas compartidas y usar un juego para lastimar. La reflexión no necesita repetir los detalles más duros del relato.

  • ¿En qué momento queda claro que los anfitriones quieren hacer daño?
  • ¿Qué necesitaría un juego para que todos pudieran participar seguros?

Una mirada adulta

Para una lectura adulta

El parentesco adoptivo no impide la confrontación: Glooskap declara que no habrá excepción para sus allegados. Cada prueba devuelve a los agresores una versión aumentada de su propio recurso. El cierre reutiliza su amenaza y la convierte en sentencia. La hija participa ofreciendo alimento, pero su destino no se narra; conservar ese silencio evita completar artificialmente una justicia total.

  • ¿Cómo cambia de sentido la frase sobre ser puesto a prueba?
  • ¿Qué podemos afirmar del desenlace y qué queda sin resolver?

Una biblioteca abierta para leer en compañía o perderse un rato entre cuentos.

Tus favoritos y tu avance se guardan en este navegador.

A tu manera.

Un rincón cómodo para tu próxima historia.

Tamaño del texto
21 px
Luz

Las opciones para guardar como PDF dependen de tu navegador y dispositivo.

Compartí el enlace al cuento, sin tu avance ni tus marcadores.