Narrador passamaquoddy / peskotomuhkati
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Historias vinculadas
8 historias · 8 versiones
Cada cuento distingue la atribución de la obra, la fuente histórica y la versión española que vas a leer.
Glooskap y la flauta rota
Glooskap tenía un enemigo: un poderoso hechicero que, después de probar otras maneras de matarlo, se había convertido en una gran serpiente.
Glooskap y el dueño del agua
En los tiempos antiguos había una aldea escondida entre montañas. Sus habitantes vivían bien: cazaban y trabajaban, y tenían cerca un arroyo de agua excelente. Pero no había otra fuente en toda la región, salvo algunos charcos de lluvia. Nadie había encontrado un manantial.
Lox, los patos y el oso blanco
Lox vivía en el bosque con su hermano menor, un chico pequeño. Al llegar el invierno se internaron entre los árboles para cazar y encontraron un lago enorme cubierto de aves: gansos, barnaclas, patos negros, patos del bosque y muchas especies pequeñas.
El joven, el conejo y el zorro
Un hombre y una mujer vivían lejos de otras personas, en medio del bosque. Su único hijo creció fuerte e inteligente. Un día les pidió permiso para salir a conocer otros hombres y mujeres. Sus padres sintieron tristeza, pero lo dejaron partir.
Un día dentro de Katahdin
Un cazador salió desde el brazo oriental del río Penobscot, siguió otro curso de agua y llegó al pie del monte Katahdin. Cazó muchos días solo, sin encontrar a nadie.
La mujer y la serpiente del estanque
En los tiempos antiguos había una mujer muy hermosa. Se casó y su esposo murió poco después. Ella volvió a casarse. En un solo año tuvo cinco maridos, todos admirados por su inteligencia, su aspecto y su valor. Los cinco murieron.
La casa que llevaba una perdiz
Un viajero cruzaba el bosque cuando oyó a lo lejos pasos que golpeaban el suelo. Quiso encontrar a quienes hacían aquel ruido. Caminó una semana entera hasta llegar a un árbol alrededor del cual bailaban un hombre y una mujer.
La joven perdiz y los dos hermanos
Dos hermanos fueron a cazar en otoño hasta las cabeceras del Penobscot. Pasaron allí el invierno. En marzo ya tenían gastadas las raquetas y los mocasines, y desearon que hubiera una mujer para arreglarlos.