En los tiempos antiguos había una mujer muy hermosa. Se casó y su esposo murió poco después. Ella volvió a casarse. En un solo año tuvo cinco maridos, todos admirados por su inteligencia, su aspecto y su valor. Los cinco murieron.
Después se casó por sexta vez.
Su nuevo esposo era tan callado que los demás lo creían tonto, pero era más observador de lo que pensaban. Sospechó que la mujer guardaba un secreto y decidió descubrirlo. La vigilaba de día y de noche.
En verano ella propuso ir al bosque a recoger bayas y pasar unos días acampando. Ya entre los árboles, le pidió que se adelantara al lugar elegido y construyera una vivienda.
Él aceptó, pero apenas se alejó un poco volvió a mirar desde un escondite.
Cuando la mujer creyó que él se había ido, caminó rápidamente hacia un sitio apartado entre rocas. Su esposo la siguió sin dejarse ver.
Llegó a un estanque, se sentó y cantó. La superficie empezó a cubrirse de espuma. Entre la espuma apareció la cola de una serpiente inmensa.
La mujer se quitó la ropa y abrazó al ser del agua, que se enroscó alrededor de ella. El esposo lo vio todo. Según la lógica de este relato, comprendió entonces que el veneno de la serpiente entraba en la mujer y que ella conservaba la vida transfiriéndolo a sus esposos, que morían.
Fue al campamento, terminó la vivienda, preparó dos camas y encendió el fuego.
Al llegar, la mujer insistió en que hubiera una sola cama. Él se negó y le ordenó que durmiera aparte. Ella le tuvo miedo y obedeció.
Durante la noche, el hombre se levantó tres veces para alimentar el fuego. Cada vez llamó a su esposa. Nunca obtuvo respuesta.
A la mañana la sacudió. Estaba muerta: el veneno de la serpiente la había matado.
Hundieron su cuerpo en el estanque donde vivía la serpiente.




