Hace mucho tiempo, dice este relato, las serpientes de cascabel eran personas muy insolentes. No se dejaban callar y enseguida volvían a provocar.
Cuando se acercaba el gran Diluvio, Glooskap fue a advertirles.
—Va a venir una inundación enorme.
—No nos importa.
—El agua les va a pasar por encima de la cabeza.
—Entonces vamos a quedar bien mojados.
Glooskap les pidió que se quedaran tranquilos y rezaran. Ellos respondieron con gritos de celebración.
—¡Viene el gran Diluvio! —repitió.
Y ellos dieron tres vivas por el Diluvio.
—El agua va a ahogarlos a todos.
Volvieron a festejar. Buscaron sus sonajas, hechas con caparazones de tortuga unidos y llenos de piedritas. Las sacudieron y comenzaron una gran danza.
Empezó a llover, pero siguieron bailando. Retumbó el trueno y ellos gritaron todavía más fuerte, agitando las sonajas contra el estruendo.
Glooskap se enojó. Sin embargo, no los dejó morir ahogados: los convirtió en serpientes de cascabel.
Por eso, cuenta la historia, cuando una de estas serpientes ve acercarse a una persona, levanta la cabeza y la mueve de un lado a otro. Esa es su danza. Y agita el cascabel de la cola como aquellas personas agitaban sus sonajas al bailar.
¿Qué te parece esa música?




