BibliotecaLos tres fuegos de Lox
Lox, en forma de glotón, se calienta junto a una pequeña hoguera en el paisaje nevado.

Nordeste de América del Norte · Peskotomuhkati · Relato tradicional

Los tres fuegos de Lox

Relatos wabanaki · testimonio histórico de 1884

5 min de lectura*10+ años · edad orientativa*
Empieza la historia

Lox, el Glotón, había muerto muchas veces y otras tantas había vuelto a la vida. Una tarde de invierno cruzaba un páramo desolado sin manta ni abrigo, salvo su propio pelaje. El viento cortaba; caían nieve, granizo y lluvia helada.

Era un personaje pendenciero y tramposo, pero también muy resistente: siempre el primero en pelear y el último en ceder. Por eso lo admiraban los animales más alborotadores del bosque.

Cuando empezaba a oscurecer, oyó a lo lejos un aullido. Respondió en la lengua de los lobos, porque conocía muchas lenguas. Enseguida lo rodearon quince o dieciséis, que saltaron, ladraron y se mordisquearon de alegría al verlo.

El jefe lo invitó a pasar la noche con ellos.

—No conviene que andes solo por acá.

Lox aceptó como si les estuviera haciendo un favor. Comió la mejor carne seca, ocupó el sitio de honor junto al fuego y fumó el mejor tabaco en la pipa del jefe. Los lobos estaban encantados.

Al acostarse, el jefe mandó a los más jóvenes que cubrieran al huésped. Lo taparon con sus colas anchas y peludas. Medio dormido, Lox creyó que le habían puesto una manta y se la quitó dos veces, aunque hacía un frío capaz de partir las piedras. Los lobos admiraron todavía más su resistencia.

A la mañana siguiente, después de comer, el jefe le dijo:

—Tío, todavía tenés tres días de camino por un lugar sin casas ni fogones. Te voy a dar un encantamiento para encender tres fuegos: uno por noche, hasta que llegues. No son más que tres. Juntá madera seca, armá una pequeña choza con las ramas y saltá por encima. Es un secreto antiguo de los lobos. Nunca antes se lo dimos a alguien de otro pueblo.

Se despidieron. Lox siguió hacia el oeste, pensando en el regalo. Como él siempre engañaba a otros, sospechaba que los demás también querrían burlarse de él.

No había caminado ni media hora cuando decidió probarlo.

—A ver si es cierto.

Apiló unas ramas, saltó por encima y el fuego prendió de inmediato. Se calentó un rato y continuó.

Pronto volvió a sentir frío. Recordó lo agradable que era estar junto a las llamas y armó otra pila. Saltó: el segundo fuego ardió tan bien como el primero. Todavía le faltaban las tres noches de viaje.

Antes de que terminara la tarde ya estaba pensando en el tercero.

—A lo mejor cambia el tiempo —se dijo—. Esas nubes rojas podrían anunciar calor. Mi abuela decía algo de ese color... no me acuerdo qué. Voy a arriesgarme.

Preparó las ramas y usó el último fuego antes de que llegara siquiera la primera noche.

Al oscurecer encontró un lugar para acampar. Ahora sí hacía un frío terrible. Lox pensó que lo que había funcionado antes tenía que funcionar otra vez. Juntó madera y saltó.

No pasó nada.

Saltó veinte o treinta veces. Al fin apareció un poco de humo y eso le devolvió la esperanza. Siguió saltando. Pero, aunque suele decirse que donde hay humo hay fuego, esta vez no apareció ni una chispa.

Lox juró que seguiría hasta que las ramas ardieran o estallaran. Saltó y saltó, hasta caer agotado y sin conocimiento. Allí murió congelado.

Ese fue su final por aquella vez. Aunque, agrega quien cuenta, debe de haberse recuperado: después lo vieron muchas veces más.

Fin

¿Una historia para recordar?

Podés volver siempre que quieras.

Detrás de esta historia.

Imagen simbólica: Un libro abierto ante una costa de bosque, con una canoa pequeña y varias hojas separadas que sugieren fuentes distintas.
Ilustración de su mundo literario

Recopilador y editor de la fuente inglesa

Charles Godfrey Leland

Charles Godfrey Leland reunió The Algonquin Legends of New England, publicado en 1884. El libro recoge relatos mi’kmaq, passamaquoddy y penobscot por medio de narraciones, manuscritos y colaboradores identificados. Leland seleccionó y reelaboró ese material; algunos capítulos combinan versiones o declaran cambios....

Conocé su historia

Una historia, varios caminos.

Para conversar después

Ideas para compartir una vez que termina la historia.

Propuestas de lectura de Mitos y cuentos

Ideas y preguntas de nuestro equipo editorial para seguir pensando la historia. Podés elegir las que te interesen o quedarte con tu propia lectura.

Con chicos

Para conversar con chicos

Los lobos explican con claridad cuánto dura su ayuda. Lox usa el regalo para comprobarlo y para estar cómodo enseguida, hasta que no le queda nada para la noche. Podemos pensar en cómo cuidar algo limitado sin dejar de disfrutarlo.

  • ¿Cuántos fuegos le quedan cuando empieza a oscurecer?
  • ¿Qué podría haberle ayudado a recordar para qué era cada fuego?

Una mirada adulta

Para una lectura adulta

La hospitalidad es generosa y precisa, pero Lox interpreta el mundo a partir de sus propias trampas. Su desconfianza gasta la primera oportunidad; el deseo inmediato y una predicción interesada consumen las otras dos. El retorno insinuado al final pertenece a la continuidad del personaje burlador y no borra la muerte ocurrida en este episodio.

  • ¿Cómo influye su manera de tratar a otros en la forma de recibir ayuda?
  • ¿Qué función cumple el comentario final después de una consecuencia tan dura?

Una biblioteca abierta para leer en compañía o perderse un rato entre cuentos.

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