Una mujer fue a la orilla de un lago y se acostó a dormir. Al despertar vio salir del agua una gran serpiente de ojos brillantes. Se acercó a ella y la envolvió en un abrazo que la mujer no pudo impedir.
Cuando regresó con su gente, su embarazo se hizo visible. La persiguieron con palos y piedras, gritándole insultos.
Huyó de la aldea y llegó a un lugar solitario. Se sentó sobre el pasto y lloró, tan desesperada que deseó estar muerta.
Entonces apareció una joven hermosa, vestida de plata y oro. Escuchó lo ocurrido.
—Seguime —le dijo.
Subieron a una montaña y atravesaron tres rocas hasta llegar a una vivienda agradable, de suelo muy liso. Salió a recibirlas un anciano tan viejo que era completamente blanco.
El anciano tomó una vara corta y le pidió a la mujer que bailara. Mientras él cantaba, ella dio a luz, una tras otra, a doce serpientes. El anciano las mató con la vara a medida que nacían. Cuando terminó, la mujer recuperó su cuerpo anterior.
El anciano tenía dos hijos: Badawk, Trueno, y Psawk-tankapic, Relámpago, la joven que la había encontrado.
Al regresar, Trueno ofreció llevar a la mujer de vuelta con su gente. Ella no quiso volver. Entonces el padre le dijo a su hijo:
—Tomala por esposa y tratala bien.
Se casaron. Con el tiempo tuvieron un hijo.
Cuando el niño pudo mantenerse de pie, su abuelo, que nunca abandonaba la montaña, lo llamó y le sujetó unas alas. El pequeño aprendió enseguida a hacer ruido con ellas, para alegría del anciano.
El cuento dice que, cuando se acerca una tormenta, el rumor lejano es el pequeño ensayando su trueno. Su padre Badawk llega en la nube oscura y produce el gran estruendo, mientras Psawk-tankapic hace brillar los relámpagos.
Tiempo después la mujer visitó a su gente. Les dijo que no debían temer al trueno ni al relámpago: así termina su historia.



