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Historias vinculadas
20 historias · 20 versiones
Cada cuento distingue la atribución de la obra, la fuente histórica y la versión española que vas a leer.
Dinewan y Goomblegubbon: las alas y las crías
Cuando Dinewan, el emú, todavía podía volar alto, las otras aves lo reconocían como rey por su gran tamaño. Los Goomblegubbon, las avutardas, envidiaban a los emúes. Una madre Goomblegubbon, sobre todo, no soportaba ver a la madre Dinewan aterrizar cerca, sacudir sus alas y soltar un sonido satisfecho.
Galah y el lagarto Oolah
Oolah, el lagarto, se cansó de quedarse al sol sin hacer nada. Sacó sus bumeranes y empezó a practicar.
Bahloo y el paso del arroyo
Una noche Bahloo, la Luna, miró hacia la tierra. Su luz brillaba con fuerza. Solía elegir las horas en que la gente dormía para jugar con sus tres perros, pero esa noche vio a unas doce personas cruzando un arroyo.
Cómo se formó el lago Narran
Byamee sujetó una pluma blanca entre las patas traseras de una abeja.
Gooloo y los niños desaparecidos
Gooloo, la urraca, era una anciana que había juntado muchas semillas doonburr cuando el pasto estaba cargado. Las guardaba enteras y molía las que necesitaba sobre una piedra plana, el dayoorl. Con esa harina preparaba durrie, una torta de semillas.
Los hermanos Weeoombeen y Piggiebillah
Los dos hermanos Weeoombeen salieron a cazar. El menor era mucho más chico. Cuando vieron un emú, el mayor le pidió silencio.
Bootoolgah, Goonur y el secreto del fuego
Cuando Bootoolgah, la grulla, se casó con Goonur, la rata canguro, en su tierra todavía no había fuego. La comida se comía cruda o se dejaba secar al sol.
Weedah y las voces del campamento
Weedah había construido más de veinte refugios de pasto. Encendía un fuego frente a cada uno para que parecieran habitados. Después corría de un refugio a otro, cambiando de voz: lloraba como un bebé, se reía como un chico, cantaba como una joven, imitaba a un hombre bailando y a personas ancianas que llamaban.
Gwineeboo y la tormenta de granizo
Gwineeboo y Goomai, la rata de agua, estaban recogiendo moluscos en el arroyo cuando un canguro saltó al agua junto a ellas. Comprendieron que escapaba de unos cazadores.
Wurrunnah y las siete hermanas Meamei
Wurrunnah volvió de cazar cansado y hambriento. Le pidió durrie a su madre, pero no quedaba. Buscó semillas entre los demás para preparar su propia comida y nadie le dio.
Los Cookooburrah y el árbol del agua
Googarh, la iguana, vivía con sus dos esposas, Moodai, la zarigüeya australiana, y Cookooburrah, el ave de risa sonora. Cookooburrah tenía tres hijos: uno ya crecido, que vivía lejos, y dos pequeños que se quedaban con ella.
Oongnairwah, Guinarey y el agua roja
Oongnairwah, el ave buceadora, y Guinarey, el águila, propusieron llevar una red al arroyo. Necesitaban ayuda para empujar los peces hacia ella.
Mullyangah, la estrella de la mañana
Mullyan, el águila, había construido su casa en lo alto de un árbol yaraan. Vivía apartado con su esposa Moodai, su suegra, que también se llamaba Moodai, y Buttergah, una amiga de su esposa perteneciente al grupo de las ardillas voladoras.
Beeargah y Ouyan cruzan el río
Goomblegubbon, la avutarda, vivía lejos del río con sus dos esposas, Beeargah, el halcón, y Ouyan, el zarapito. Con ellas estaban los dos hijos de Beeargah. Las mujeres y los chicos tenían un campamento; él, otro cercano. Toda el agua provenía de un pequeño pozo en el suelo.
Mooregoo y la visita de Bahloo
Mooregoo, el búho mopoke, llevaba mucho tiempo acampando solo. Había fabricado bumeranes, garrotes, lanzas, escudos y mantas de piel.
Dinewan y las dos Wahn bajo la lluvia
Dinewan, el emú, acampaba con sus dos esposas, las Wahn, los cuervos. Al ver que se juntaban las nubes, construyeron un refugio de corteza. Cuando empezó a llover, los tres se metieron adentro.
El canguro de goma de Goolahwilleel
El joven Goolahwilleel salía todos los días a cazar. Su madre y sus hermanas esperaban que regresara con un canguro o un emú, pero siempre volvía sin carne.
Deereeree, Bibbee y el arcoíris
Deereeree era viuda y vivía con sus cuatro hijas pequeñas. Un día Bibbee instaló su campamento cerca del suyo.
Mayrah, el viento que se lleva el invierno
Cuando empieza el invierno, los lagartos se esconden en sus casas de arena. Cavan hondo y van cerrando el pasadizo detrás de ellos. Las águilas negras se retiran a sus nidos y los garbarlee, lagartos de cola corta, se refugian en troncos pequeños, apenas lo bastante grandes para contenerlos.
Wayambeh y los dos escudos
Oolah, la lagarta, buscaba ñames en una llanura de arbustos mirrieh. Llevaba consigo a tres de sus hijos. De pronto creyó oír pasos y se detuvo a escuchar.