BibliotecaWurrunnah y las siete hermanas Meamei
Cinco hermanas Meamei tienden las manos desde el cielo a las dos que ascienden por los pinos.

Río Narran, Nueva Gales del Sur, Australia · atribución histórica de Parker · Relato tradicional

Wurrunnah y las siete hermanas Meamei

Relatos del río Narran · recopilación de Parker

7 min de lectura*16+ años · edad orientativa*
Empieza la historia

Wurrunnah volvió de cazar cansado y hambriento. Le pidió durrie a su madre, pero no quedaba. Buscó semillas entre los demás para preparar su propia comida y nadie le dio.

—¡Me voy a vivir con extraños! Mi propia gente me deja pasar hambre.

Tomó sus armas y partió todavía enojado.

Después de andar un trecho vio a un anciano que sacaba miel de los nidos de abejas. Desde lejos parecía estar mirándolo. Al acercarse, Wurrunnah descubrió que no tenía ojos.

Se asustó, pero siguió adelante sin mostrarlo. El anciano dijo llamarse Mooroonumildah: los suyos llevaban ese nombre porque no tenían ojos y veían por la nariz. Le dio miel en un recipiente de corteza y lo invitó a quedarse en su campamento.

Wurrunnah aceptó la miel y caminó hacia donde le había indicado. Pero cuando quedó fuera de su vista, cambió de rumbo. Todavía tenía miedo.

Al llegar a una laguna grande bebió largamente y se acostó a dormir. Por la mañana, en lugar del agua había una llanura. Se frotó los ojos. Había bebido de esa laguna; ¿cómo podía no estar?

Mientras pensaba en aquel país extraño vio acercarse una tormenta. Entró en el monte para buscar refugio y encontró muchas planchas de corteza cortada. Preparó unos postes para hacer un cobertizo. Pero al levantar una plancha apareció debajo un ser que no se parecía a nadie conocido.

—¡Soy Bulgahnunnoo! —gritó con una voz aterradora.

Wurrunnah soltó la corteza, recogió sus armas y corrió, olvidado de la tormenta.

Llegó hasta un gran río que lo rodeaba por tres lados. No podía cruzarlo, de modo que giró en otra dirección. Entonces vio venir emúes a beber: la mitad tenía plumas; la otra mitad conservaba la forma, pero estaba desnuda.

Se subió a un árbol para que no lo vieran, eligió uno de los que no tenían plumas y lo mató de un lanzazo. Bajó para recogerlo. Pero al acercarse vio personas donde había visto aves. Rodeaban a su compañero muerto y hacían gestos de venganza.

Wurrunnah pensó que explicar su error no lo salvaría. Echó a correr otra vez, tan pendiente de lo que dejaba atrás que casi entró en un campamento sin advertirlo.

Allí había siete jóvenes. Se sorprendieron al verlo, pero cuando supieron que estaba solo y tenía hambre le dieron comida y lo dejaron pasar la noche. Le contaron que se llamaban Meamei y que su gente vivía lejos. Habían venido a conocer esas tierras y pensaban regresar.

Al día siguiente Wurrunnah se despidió. Sin embargo, se escondió cerca. Estaba cansado de viajar solo y decidió capturar una esposa entre aquellas hermanas.

Las vio salir con sus palos de cavar y las siguió sin mostrarse. Ellas excavaron alrededor de unos hormigueros de hormigas aladas. Cuando consiguieron lo que buscaban, dejaron los palos a un lado y se sentaron a comer.

Wurrunnah se acercó en secreto y robó dos palos. Al terminar, cinco hermanas encontraron los suyos y emprendieron el regreso. Las otras dos se quedaron buscando.

Cuando le dieron la espalda, Wurrunnah clavó los palos robados en el suelo y volvió a ocultarse. Las jóvenes los vieron y corrieron a sacarlos. Mientras tiraban de ellos, él saltó de su escondite y las sujetó por la cintura.

Gritaron y lucharon. No había nadie cerca que pudiera oírlas, y él las apretaba cada vez más. Cuando dejaron de resistirse, les dijo que estaba solo y quería dos esposas. Prometió cuidarlas si lo obedecían; si no, las golpearía con su arma.

Comprendiendo que no podían soltarse, caminaron con él. Le advirtieron que su gente vendría a buscarlas. Wurrunnah apuró el paso y las llevó cada vez más lejos.

Pasaron semanas. Por fuera parecían haberse acostumbrado, pero cuando estaban solas hablaban de sus hermanas. Se preguntaban si seguirían buscándolas o habrían vuelto para pedir ayuda. Nunca creyeron que fueran a olvidarlas.

Un día el fuego ardía mal. Wurrunnah les ordenó traer corteza de dos pinos.

—No debemos cortar esos árboles —le respondieron—. Si vamos, no volverás a vernos.

Él insistió. Ellas repitieron la advertencia. Wurrunnah amenazó con perseguirlas y golpearlas si escapaban y les ordenó dejar de hablar.

Cada hermana fue a un pino con su hacha. Al primer golpe, el árbol empezó a elevarse desde el suelo, llevándola consigo.

Como no oía más golpes, Wurrunnah se acercó. Vio crecer los pinos y, cada vez más arriba, a las jóvenes aferradas a los troncos. Les gritó que bajaran. Ellas no contestaron.

Los árboles siguieron creciendo hasta tocar el cielo. Allí aparecieron las otras cinco Meamei, llamando a sus hermanas para que no tuvieran miedo. Las dos treparon hacia esas voces. Desde arriba, cinco pares de manos se extendieron y las ayudaron a entrar.

Las siete se quedaron juntas en el cielo. Se las puede ver allí: son las Meamei, conocidas también como las Pléyades.

Fin

¿Una historia para recordar?

Podés volver siempre que quieras.

Detrás de esta historia.

Imagen simbólica: Un cuaderno junto a juncos de río y un emú al fondo, composición editorial sobre el acto de recoger relatos; sin persona.
Ilustración de su mundo literario

Recopiladora y mediadora de la fuente inglesa

K. Langloh Parker

K. Langloh Parker fue el nombre con el que Catherine Eliza, conocida como Katie y más tarde apellidada Stow, publicó Australian Legendary Tales en 1896. Vivió en Bangate, junto al río Narran, en Nueva Gales del Sur, y reunió narraciones de personas...

Conocé su historia

Una historia, varios caminos.

Para conversar después

Ideas para compartir una vez que termina la historia.

Propuestas de lectura de Mitos y cuentos

Ideas y preguntas de nuestro equipo editorial para seguir pensando la historia. Podés elegir las que te interesen o quedarte con tu propia lectura.

Con chicos

Para conversar con chicos

Para conversar con acompañamiento, podemos centrarnos en las hermanas. Las dos separadas nunca creen que las otras las hayan olvidado. Parecer tranquilas mientras están retenidas no significa que hayan elegido quedarse. Al final, las voces y las manos de sus hermanas les permiten llegar a un lugar donde volver a estar juntas.

  • ¿Qué piensan las dos hermanas cuando pueden hablar a solas?
  • ¿Qué hacen las otras cinco cuando las ven acercarse al cielo?

Una mirada adulta

Para una lectura adulta

El viaje previo coloca a Wurrunnah repetidamente en situaciones de extrañeza y temor, pero no justifica el rapto de quienes lo reciben con hospitalidad. Su demanda inicial de alimento y su posterior deseo de compañía encuentran respuestas muy distintas: acepta ayuda y luego ejerce coerción. La advertencia sobre los pinos es desoída porque él supone que puede controlar cualquier fuga; esa seguridad produce justamente la salida.

  • ¿Qué relación encontrás entre la hospitalidad de las siete y el plan secreto del huésped?
  • ¿Cómo distingue el relato la apariencia de conformidad de la voluntad de las dos jóvenes?

Una biblioteca abierta para leer en compañía o perderse un rato entre cuentos.

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