BibliotecaGooloo y los niños desaparecidos
Una torta de semillas y la piedra de moler de Gooloo quedan junto al árbol hueco donde ocultó a los niños.

Río Narran, Nueva Gales del Sur, Australia · atribución histórica de Parker · Relato tradicional

Gooloo y los niños desaparecidos

Relatos del río Narran · recopilación de Parker

5 min de lectura*16+ años · edad orientativa*
Empieza la historia

Gooloo, la urraca, era una anciana que había juntado muchas semillas doonburr cuando el pasto estaba cargado. Las guardaba enteras y molía las que necesitaba sobre una piedra plana, el dayoorl. Con esa harina preparaba durrie, una torta de semillas.

Cerca de su lugar se instaló un grupo de familias. Un día, cuando los hombres salieron a cazar, Gooloo fue a conversar con las mujeres.

—¿Por qué se quedan esperando con hambre? Hay nidos de abejas llenos de miel y frutos maduros por todas partes. Salgan a recogerlos. Yo cuidaré a sus pequeños Wahroogahs.

Las mujeres pensaron que era una buena idea buscar comida, pero dijeron que llevarían a sus hijos.

Gooloo insistió:

—Los que caminan se van a cansar, y ustedes tendrán que cargar a los demás. Lleven vacías sus bolsas y canastas: así podrán traer más. Miren, acá tengo una torta recién hecha. Les daré de comer a los chicos y prepararé otra. Vuelvan a tiempo para encender los fuegos y cocinar lo que traigan sus maridos.

Los niños ya se acercaban a ella atraídos por la comida. Al fin las mujeres aceptaron. Salieron con sus recipientes, sus hachas y sus palos de cavar.

Gooloo reunió a los pequeños y los alimentó con durrie caliente, miel y frutos que había enterrado para madurarlos. Cuando terminaron, los llevó de prisa hasta su verdadera casa, dentro de un árbol hueco. Los metió allí, entró detrás y cerró todo.

Volvió a ofrecerles comida, pero ya no tenían hambre. Extrañaban a sus madres y empezaron a llorar.

Las mujeres regresaban cargadas cuando oyeron ese llanto. Aceleraron el paso, pensando en consolar a sus hijos con lo que habían conseguido. Sin embargo, al llegar no encontraron a nadie: ni niños ni Gooloo.

Al principio creyeron que estaban jugando a esconderse. Buscaron alrededor, llamaron a cada uno por su nombre y llamaron también a Gooloo. No hubo respuesta.

De tanto en tanto volvían a escuchar el llanto. Lo seguían, buscaban y buscaban, sin dar con el lugar. Al fin regresaron al campamento llorando ellas también.

Cuando llegaron los hombres, les contaron lo ocurrido. Gooloo había dicho la verdad sobre la abundancia cercana: las bolsas y las canastas estaban llenas. Pero los chicos habían desaparecido.

Los hombres se enfurecieron y acusaron a las mujeres de haber dejado a sus hijos con una desconocida. Dijeron que habían salido a cazar para alimentar a todos y que ellas no deberían haberse ido. Les ordenaron quedarse y las amenazaron con golpearlas si no encontraban a los niños.

Después recorrieron el monte durante kilómetros. Ellos también oían a veces voces infantiles que lloraban, pero tampoco hallaron rastro de los Wahroogahs.

No hubo rescate. Más allá de aquel llanto, que siguió resonando en los oídos de las madres, no apareció ninguna señal de los niños. Durante muchos días las mujeres permanecieron en el campamento, lamentando la pérdida y golpeándose la cabeza por haber escuchado a Gooloo.

Fin

¿Una historia para recordar?

Podés volver siempre que quieras.

Detrás de esta historia.

Imagen simbólica: Un cuaderno junto a juncos de río y un emú al fondo, composición editorial sobre el acto de recoger relatos; sin persona.
Ilustración de su mundo literario

Recopiladora y mediadora de la fuente inglesa

K. Langloh Parker

K. Langloh Parker fue el nombre con el que Catherine Eliza, conocida como Katie y más tarde apellidada Stow, publicó Australian Legendary Tales en 1896. Vivió en Bangate, junto al río Narran, en Nueva Gales del Sur, y reunió narraciones de personas...

Conocé su historia

Una historia, varios caminos.

Para conversar después

Ideas para compartir una vez que termina la historia.

Propuestas de lectura de Mitos y cuentos

Ideas y preguntas de nuestro equipo editorial para seguir pensando la historia. Podés elegir las que te interesen o quedarte con tu propia lectura.

Con chicos

Para conversar con chicos

Para conversar con acompañamiento, podemos detenernos en una pregunta de cuidado: ¿cómo acuerdan los adultos quién se queda con los chicos y cómo encontrarse después? En la historia se ofrece comida real, pero se oculta el traslado a otro lugar. Los niños no tienen la culpa de necesitar comida, compañía o consuelo.

  • ¿Qué cambio hace Gooloo que las madres no habían acordado?
  • ¿Qué debería saber una familia sobre el lugar donde se cuida a sus hijos?

Una mirada adulta

Para una lectura adulta

La promesa funciona porque contiene hechos verdaderos: hay alimento disponible y Gooloo efectivamente alimenta a los niños. El engaño está en el destino y en la retención. La narración añade a la pérdida un reparto desigual de culpa, con amenazas de los padres hacia las madres. Su final sin rescate exige resistir la tentación de convertirla en aventura tranquilizadora o en una lección que responsabilice a quienes confiaron.

  • ¿Qué papel cumple que la comida prometida exista de verdad?
  • ¿Cómo intensifican las acusaciones de los hombres una pérdida que ellos tampoco logran resolver?

Una biblioteca abierta para leer en compañía o perderse un rato entre cuentos.

Tus favoritos y tu avance se guardan en este navegador.

A tu manera.

Un rincón cómodo para tu próxima historia.

Tamaño del texto
21 px
Luz

Las opciones para guardar como PDF dependen de tu navegador y dispositivo.

Compartí el enlace al cuento, sin tu avance ni tus marcadores.