BibliotecaMullyangah, la estrella de la mañana
Sobre el yaraan quemado brilla Mullyangah, acompañado por una estrella pequeña y otra mayor.

Río Narran, Nueva Gales del Sur, Australia · atribución histórica de Parker · Relato tradicional

Mullyangah, la estrella de la mañana

Relatos del río Narran · recopilación de Parker

4 min de lectura*16+ años · edad orientativa*
Empieza la historia

Mullyan, el águila, había construido su casa en lo alto de un árbol yaraan. Vivía apartado con su esposa Moodai, su suegra, que también se llamaba Moodai, y Buttergah, una amiga de su esposa perteneciente al grupo de las ardillas voladoras.

Mullyan comía carne humana. Por eso se había alejado de los demás. Salía con una lanza cuatro veces mayor que las habituales y buscaba a alguien que cazara solo. Lo mataba y llevaba el cuerpo hasta su casa. Las mujeres lo cocinaban y los cuatro comían.

Desaparecieron tantas personas que sus amigos decidieron averiguar qué ocurría. Siguieron el rastro del último ausente hasta el lugar donde había sido asesinado. Desde allí encontraron las huellas de quien lo había llevado y llegaron al pie del yaraan.

Intentaron trepar, pero el tronco era demasiado alto y recto. Después de muchos esfuerzos buscaron ayuda entre los Bibbee, conocidos por su habilidad para escalar. Uno de ellos llegó con su amigo Murrawondah, de las ratas trepadoras.

Los dos empezaron a subir. La luz de aquella tarde sólo les alcanzó para llegar a una horqueta a mitad de camino. Pasaron la noche allí y, por la mañana, esperaron a que Mullyan saliera. Entonces continuaron hasta la casa.

Aprovecharon un descuido para entrar y esconder un palo encendido, que ardía lentamente, en un extremo del refugio. Bajaron sin que las mujeres los vieran.

Durante el día, ellas oyeron algunos crujidos de fuego. Miraron alrededor, pero no encontraron nada. Como su propia fogata estaba controlada, pensaron que habría caído un poco de hierba entre las brasas.

Bibbee y Murrawondah contaron a los demás lo que habían hecho. Todos se apartaron para observar: temían que el árbol cayera al quemarse. Celebraban haber encontrado un modo de detener a Mullyan y elogiaban a los escaladores.

Después del mediodía, Mullyan volvió de una larga caminata con poca caza. Dejó su gran lanza en la entrada y se acostó. Apenas se acomodó, la oyó caer. Se levantó, la puso en su sitio y volvió a descansar.

La lanza cayó otra vez. La acomodó de nuevo. Cuando regresaba a su lugar, una llama salió del extremo de la casa.

Llamó a las tres mujeres, que estaban cocinando, y todos intentaron apagarla. Pero el fuego creció. Mullyan perdió un brazo entre las llamas; las dos Moodai sufrieron quemaduras en los pies y Buttergah también quedó gravemente herida.

Cuando comprendieron que no podían salvar el refugio, intentaron bajar. Era demasiado tarde: el techo se derrumbó sobre ellos.

Al terminar el incendio, los de abajo sólo encontraron sus huesos quemados. Sin embargo, el relato cuenta que Mullyan vive en el cielo como Mullyangah, la estrella de la mañana. A un lado tiene una estrella pequeña, que es su único brazo; al otro, una mayor, que es Moodai, su esposa.

Fin

¿Una historia para recordar?

Podés volver siempre que quieras.

Detrás de esta historia.

Imagen simbólica: Un cuaderno junto a juncos de río y un emú al fondo, composición editorial sobre el acto de recoger relatos; sin persona.
Ilustración de su mundo literario

Recopiladora y mediadora de la fuente inglesa

K. Langloh Parker

K. Langloh Parker fue el nombre con el que Catherine Eliza, conocida como Katie y más tarde apellidada Stow, publicó Australian Legendary Tales en 1896. Vivió en Bangate, junto al río Narran, en Nueva Gales del Sur, y reunió narraciones de personas...

Conocé su historia

Una historia, varios caminos.

Para conversar después

Ideas para compartir una vez que termina la historia.

Propuestas de lectura de Mitos y cuentos

Ideas y preguntas de nuestro equipo editorial para seguir pensando la historia. Podés elegir las que te interesen o quedarte con tu propia lectura.

Con chicos

Para conversar con chicos

Para conversar con acompañamiento, podemos mirar el trabajo de quienes buscan a las personas desaparecidas. Siguen huellas, reconocen que no pueden trepar y piden ayuda a quienes saben hacerlo. Esas capacidades no obligan a celebrar la violencia del final: permiten hablar de cómo se reúne información y de los límites de cada uno.

  • ¿En qué momento los buscadores reconocen que necesitan ayuda?
  • ¿Qué señales del peligro aparecen dentro de la casa antes de las llamas?

Una mirada adulta

Para una lectura adulta

La investigación reúne rastreo y especialización corporal; la solución, sin embargo, es un incendio que mata a toda la casa. La fuente atribuye participación en el canibalismo a los cuatro habitantes y no sólo a Mullyan. El cierre celeste conserva selectivamente una relación conyugal y una lesión, mientras deja sin correspondencia estelar explícita a las otras mujeres. No conviene completar ese mapa con figuras inventadas.

  • ¿Qué función cumplen los crujidos y las dos caídas de la lanza en la espera del desenlace?
  • ¿Cómo se relaciona la figura celeste con el cuerpo destruido?

Una biblioteca abierta para leer en compañía o perderse un rato entre cuentos.

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