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Historias vinculadas
15 historias · 15 versiones
Cada cuento distingue la atribución de la obra, la fuente histórica y la versión española que vas a leer.
Maui enlaza al Sol
Maui, hijo de Hina-lau-ae y Hina, vivía con su familia en Makalia, por encima de Kahakuloa, al oeste de la isla de Maui. Su madre fabricaba kapa, una tela de corteza que debía extender al sol para que se secara. Pero los días eran tan cortos que apenas terminaba de desplegar las telas ya tenía que guardarlas. A la mañana siguiente volvía a sacarlas, y al atardecer todavía seguían húmedas.
Maui-mua y el secreto del fuego
Maui y Hina tenían cuatro hijos: Maui-mua, Maui-hope, Maui-kiikii y Maui-o-ka-lana. Los cuatro eran pescadores y vivían en Kaupo, en la isla de Maui.
Pele y el mar de Kahinalii
La historia que sigue vincula a Pele, conocida por los volcanes, con una gran inundación de tiempos antiguos.
Pele y la huida de Kahawali
En tiempos del rey Kealiikukii, Kahawali era jefe de Puna, en la isla de Hawaii. Un día fue con uno de sus compañeros a deslizarse en holua, el trineo que se usaba sobre las laderas. La cuesta donde jugaron quedó asociada con su nombre: el lugar de deslizamiento de Kahawali.
Hiku y Kawelu
Cerca de la cumbre de Hualalai, en una cueva del lado sur de la montaña, vivían Hina y su hijo Hiku. Él era un kupua, un ser de poderes extraordinarios. Había pasado toda su infancia y su juventud a solas con su madre, sin bajar nunca a las llanuras donde vivían otras personas.
Lonopuha y las dos muertes de Milu
En una época cuyo año no se recuerda, cuando Milu vivía en Waipio, llegaron a las islas varias personas con sus esposas desde la lejana Kahiki. El relato dice que eran de naturaleza divina. Allí donde pasaban, llamaban la atención.
Las rocas de Kana
En la costa norte de Molokai, entre los valles de Pelekunu y Waikolu, el promontorio de Haupu se levantaba sobre el mar como el filo de un hacha. Frente a él sobresalían del agua unas rocas agudas. Este relato cuenta cómo llegaron a estar allí.
Kahalaopuna, la joven de Manoa
En la cabecera del valle de Manoa estaba Akaaka, una saliente de la montaña por encima de Waiakeakua, el agua de los dioses. Akaaka se había unido a Nalehuaakaaka, vinculada con los arbustos de lehua de su cumbre. Tuvieron dos hijos mellizos: Kahaukani, un varón asociado con el viento de Manoa, y Kauakuahine, una niña asociada con su lluvia.
El manantial de Punahou
En las montañas de Kaala vivía un jefe llamado Kahaakea. Tenía dos hijos mellizos, un varón y una niña. Su madre había muerto al dar a luz. El niño se llamaba Kauawaahila, Lluvia de Waahila, y la niña Kauakiowao, Niebla de Montaña.
Oahunui y la casa abandonada
En la meseta entre Ewa y Waialua estaba Kukaniloko, el lugar sagrado donde, según esta historia, debían nacer los hijos de la línea real de Oahu. Si una madre daba a luz fuera de allí, su descendencia perdía los privilegios correspondientes a ese rango.
Kanikaniaula y el manto de plumas
Eleio era un kukini, un corredor entrenado al servicio de Kakaalaneo, rey de Maui. Los jefes importantes contaban con hombres capaces de llevar mensajes por el camino más directo: trepaban laderas, saltaban arroyos y cruzaban precipicios sin rodearlos.
Kamalo y el arcoíris de Mapulehu
En el valle de Mapulehu, al este de Kaluaaha, se levantaba el heiau de Iliiliopae. El templo miraba hacia el puerto de Ai Kanaka, también llamado Pukoo. Lo había mandado construir Kupa, soberano de aquella parte de Molokai, y allí tenía su residencia.
Kapoi y la batalla de los búhos
Kapoi vivía en Kahehuna, en Honolulu. Un día fue a Kewalo a buscar material para cubrir el techo de su casa. Al volver encontró unos huevos de búho y se los llevó.
Kaneaukai y las dos imágenes
En Mokuleia, en la región de Waialua, vivían dos ancianos que rezaban a Kaneaukai para pedir una pesca abundante. Tenían pocas posesiones. Al terminar su comida de poi y pescado solían beber awa.
Nanaue, el hombre tiburón
Kamohoalii, el rey tiburón de Hawaii y Maui, tenía varias cuevas profundas junto a los acantilados de Waipio y Kohala. Entre sus moradas estaban Koamano y el pequeño islote de Maiaukiu. Según las creencias recogidas en esta historia, algunos dioses tiburón podían tomar otras formas, incluso la humana.