BibliotecaKanikaniaula y el manto de plumas
Kanikaniaula trabaja con sus parientes en el manto de plumas mientras Eleio espera.

Archipiélago de Hawái · Maui: Lahaina, Hana, Aalaloloa, Hanamanuloa, Launiupoko y Makila · Relato tradicional

Kanikaniaula y el manto de plumas

Relatos hawaianos · testimonio histórico de 1907

12 min de lectura*14+ años · edad orientativa*
Empieza la historia

Eleio era un kukini, un corredor entrenado al servicio de Kakaalaneo, rey de Maui. Los jefes importantes contaban con hombres capaces de llevar mensajes por el camino más directo: trepaban laderas, saltaban arroyos y cruzaban precipicios sin rodearlos.

Se hablaba de su rapidez con una comparación: si un corredor salía para cumplir un encargo que a otra persona le llevaría un día y una noche, podía volver antes de que un pescado puesto al fuego en el momento de su partida estuviera listo para darlo vuelta.

Por sus servicios, los kukini disfrutaban de una libertad poco común en la corte. Pero Eleio tenía además otro saber: era kahuna. Había aprendido los ritos que le permitían ver espíritus y devolverlos a sus cuerpos mientras la descomposición no lo impidiera.

Un día el rey, que vivía en Lahaina, lo mandó a Hana para buscar awa. Debía volver antes de la cena.

Eleio dejó atrás Olowalu y empezó a subir Aalaloloa. Delante de él vio a una joven muy hermosa. Aceleró para alcanzarla, pero, corriera como corriera, ella conservaba la misma distancia.

Su orgullo de corredor se despertó. Estaba acostumbrado a ser el más rápido y no quería dejarse vencer. Siguió a la joven sobre rocas y colinas, por barrancos, montañas y arroyos oscuros. La persecución llegó hasta Hanamanuloa, en Kahikinui, más allá de Kaupo.

Allí la alcanzó, justo cuando entraba en un puoa, una estructura elevada donde se dejaban los cuerpos de ciertas personas de rango.

—¡Dejame vivir! —le dijo ella—. No soy una persona viva, soy un espíritu. Mi morada está adentro.

—Hace rato lo sé —respondió Eleio—. Ninguna persona podría haberme llevado tanta ventaja.

La joven le propuso que fueran amigos. Señaló una casa cercana, donde vivían sus padres y sus parientes.

—Andá y pediles un cerdo, telas de kapa, esteras finas y un manto de plumas. Describime y deciles que te regalo esas cosas. El manto no está terminado: mide una braza y media por lado y tenía que llegar a dos. En la casa están las plumas y la red necesarias. Que lo terminen para vos.

Después desapareció.

Eleio entró en el puoa y subió a la plataforma. Allí estaba el cuerpo de la muchacha, tan hermoso como su espíritu. A primera vista no parecía haber comenzado a descomponerse.

Fue a la casa indicada. Encontró a una mujer llorando y, por el parecido, supo que era la madre. La saludó y explicó que una compañera de viaje lo había llevado hasta el puoa y luego había desaparecido.

La mujer interrumpió su llanto y llamó a su marido. Los dos escucharon el mensaje. Eleio describió a la joven y enumeró sus regalos: un cerdo de una braza de largo, las telas finas, las esteras y el manto sin terminar.

Los padres reconocieron todos los detalles. Creyeron que su hija había hecho aquellos dones y aceptaron entregarlos. Quisieron matar el cerdo y organizar un banquete para Eleio, a quien ya pensaban recibir como hijo.

Él pidió esperar. Quiso saber quiénes eran las personas reunidas alrededor de la casa.

—Son nuestros parientes: tíos, tías y primos del espíritu que parece haberte elegido como esposo o hermano.

—¿Van a hacer lo que ustedes les pidan?

Los padres aseguraron que sí.

Eleio mandó construir un gran lanai, un cobertizo cubierto de helechos, jengibre, maile e ieie. En un extremo debían levantar y adornar un altar. Hombres, mujeres y chicos trabajaron juntos y lo terminaron en un par de horas.

Después ordenó cocinar el cerdo y preparar para el altar peces rojos y blancos, gallos rojos, blancos y negros, y bananas lele y maoli. Pidió que mujeres y niños fueran a sus casas y ayudaran con sus oraciones. Los animales debían quedar sujetos en lugares oscuros para no hacer ruido. Necesitaba silencio, y que los hombres que seguían trabajando invocaran a sus dioses.

Entonces partió a Hana. Arrancó un par de plantas de awa de Kaeleku, apreciadas en la fuente por sus usos curativos, y volvió antes de que el cerdo estuviera cocido.

Prepararon el awa. Cuando todo estuvo dispuesto, Eleio ofreció los alimentos a sus divinidades y les pidió ayuda para lo que iba a intentar.

El espíritu de la joven había permanecido cerca de él, invisible para los demás. Al terminar su invocación, Eleio lo sujetó y fue al puoa, conteniendo la respiración y orando. Los padres lo siguieron. Ahora comprendían que intentaría el kapuku, la restitución de la vida.

Eleio presionó el espíritu contra los empeines del cuerpo. Al principio entró sin dificultad, pero al llegar a las rodillas se resistió. Desde allí percibía que el vientre empezaba a descomponerse y no quería avanzar.

Eleio intensificó sus oraciones y consiguió hacerlo pasar. A la altura de los muslos hubo una nueva resistencia. Volvió a invocar con mayor fuerza hasta conducirlo hacia la garganta.

Allí se detuvo otra vez. A su alrededor estaban los padres y los parientes varones, que sumaron sus ruegos. Con esa ayuda el espíritu pasó el cuello y la joven dejó escapar un sonido semejante al canto de un gallo.

La esperanza hizo que todos redoblaran sus oraciones. Hubo una última resistencia en los codos y las muñecas, pero el esfuerzo conjunto la venció. El espíritu ocupó por completo el cuerpo y la joven volvió a vivir.

El sacerdote del lugar realizó las ceremonias de purificación. Después la llevaron al lanai y se reunieron con ella, sus padres y Eleio. Comieron los alimentos ofrecidos: según la explicación del relato, los dioses recibían su esencia espiritual y dejaban la parte material para quienes, en aquella ocasión, eran sus invitados.

Cuando terminó la comida, trajeron el manto, las telas y las esteras. El padre le ofreció a Eleio que tomara a su hija por esposa y se quedara a vivir con ellos como un hijo más.

Él rechazó el matrimonio para sí.

—La acepto bajo mi cuidado, pero merece un esposo de rango más alto que el mío. Si confían en mí, la voy a llevar ante mi señor. Podría ser la reina de nuestra isla.

El padre respondió que la dejaba en sus manos, como si al devolverle la vida la hubiera creado. Sólo le pidió que recordara que allí tenía padres, parientes y una casa a la que volver.

Eleio pidió que terminaran el manto antes de regresar a Lahaina. Todos los que sabían trabajar con plumas se pusieron a hacerlo, incluida la joven. Fue entonces cuando él supo que se llamaba Kanikaniaula.

Cuando el manto estuvo listo, partieron juntos. Eleio llevaba la prenda y el awa que no había usado en la ceremonia. Caminaron al ritmo de Kanikaniaula: de nuevo en su cuerpo, ya no tenía la velocidad de su espíritu.

Al llegar a Launiupoko, Eleio la hizo detenerse.

—Esperame escondida entre estas plantas. Voy a seguir solo. Si al atardecer no volví, será porque estoy muerto. Conocés el camino: en ese caso, regresá con tu familia. Si todo sale bien, vengo a buscarte dentro de un rato.

Cerca de Makila, en los límites de Lahaina, vio gente calentando un horno de tierra. Cuando lo reconocieron, quisieron sujetarlo para quemarlo vivo: ésa era la orden del rey por su tardanza.

—Si tengo que morir, déjenme hacerlo a los pies de mi señor —pidió Eleio.

Lo dejaron pasar. Se presentó ante Kakaalaneo, que se sorprendió de verlo vivo.

—¿Cómo pasaste a mis hombres? Había ordenado que te quemaran.

—Quise morir a tus pies, si ése tiene que ser mi destino. Pero mi muerte sería una pérdida para vos: traje algo que va a hacer que tu nombre sea recordado.

—¿Y qué es?

Eleio desenvolvió su carga. Ante el rey y los cortesanos apareció el manto de plumas. Según esta historia, nunca habían visto una prenda semejante en las islas.

Kakaalaneo lo perdonó y lo recibió otra vez con favor. Reservó el awa de Hana para sus ofrendas de aquella noche. Después escuchó toda la historia de la ausencia del corredor.

Al saber que la dueña original del manto esperaba cerca, mandó buscarla para agradecerle. La belleza y la manera de presentarse de Kanikaniaula lo impresionaron, y le pidió que fuera su reina.

El relato cierra vinculando con Kakaalaneo y Kanikaniaula el linaje de algunos de los jefes de mayor rango de la isla.

Fin

¿Una historia para recordar?

Podés volver siempre que quieras.

Detrás de esta historia.

Ilustración simbólica: Un libro abierto y varias hojas sueltas ante una costa volcánica de agua azul.
Ilustración de su mundo literario

Compilador, traductor y editor

Thomas George Thrum

Thomas George Thrum compiló Hawaiian Folk Tales, publicado en Chicago en 1907. Reunió contribuciones firmadas de distintas personas y participó también como traductor o redactor de capítulos. En esta selección, Lonopuha lleva su crédito de traducción y Kaneaukai su crédito de autor...

Conocé su historia
Ilustración simbólica: Un libro abierto junto a un manantial, con un arcoíris sobre un valle verde.
Ilustración de su mundo literario

Autora de versiones históricas

Emma Kaili Metcalf Beckley Nakuina

Emma Kaili Metcalf Beckley Nakuina figura como Mrs. E. M. Nakuina en Hawaiian Folk Tales. Cinco relatos de esta selección llevan su firma: Kahalaopuna, el manantial de Punahou, Oahunui, el manto de plumas y Nanaue. Su trabajo escrito se reconoce por separado...

Conocé su historia

Una historia, varios caminos.

Para conversar después

Ideas para compartir una vez que termina la historia.

Propuestas de lectura de Mitos y cuentos

Ideas y preguntas de nuestro equipo editorial para seguir pensando la historia. Podés elegir las que te interesen o quedarte con tu propia lectura.

Con chicos

Para conversar con chicos

Eleio puede correr muy rápido, pero el regreso necesita otro ritmo porque Kanikaniaula está recuperándose. También necesita el trabajo de muchas personas para preparar la ceremonia y terminar el manto. Podemos mirar esas ayudas sin olvidar que otras personas deciden por la joven cosas importantes, como su futuro matrimonio.

  • ¿En qué momentos la rapidez deja de ser lo más útil?
  • ¿Qué tareas hacen posible el regreso además de las de Eleio?

Una mirada adulta

Para una lectura adulta

El manto circula primero como regalo del espíritu, después como labor colectiva y finalmente como objeto capaz de salvar al servidor de una ejecución real. Esa circulación reorganiza el poder sobre Kanikaniaula: el padre interpreta la restitución como un derecho de Eleio a disponer de ella, y él la dirige hacia una alianza de mayor rango. La fuente celebra la fidelidad del corredor; una lectura atenta conserva también el costo de esa fidelidad para la voz de la joven.

  • ¿Cómo cambia el valor del manto entre la primera promesa y su presentación al rey?
  • ¿Qué diferencia hay entre recibir un regalo de Kanikaniaula y recibir poder para decidir sobre ella?

Una biblioteca abierta para leer en compañía o perderse un rato entre cuentos.

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