Maui, hijo de Hina-lau-ae y Hina, vivía con su familia en Makalia, por encima de Kahakuloa, al oeste de la isla de Maui. Su madre fabricaba kapa, una tela de corteza que debía extender al sol para que se secara. Pero los días eran tan cortos que apenas terminaba de desplegar las telas ya tenía que guardarlas. A la mañana siguiente volvía a sacarlas, y al atardecer todavía seguían húmedas.
Maui veía cuánto trabajo le daba eso a Hina. Se compadeció de ella y decidió hacer que el Sol caminara más despacio.
Primero fue a Wailohi, en Hamakua, al este de la isla, para estudiar su recorrido. Desde allí vio que salía por el lado de Hana. Después subió a Haleakala y comprobó que el Sol pasaba justo por encima de aquella montaña. Ya sabía dónde esperarlo.
Volvió a su casa. Unos días más tarde fue a Paeloko, en Waihee, cortó los cocoteros del lugar y reunió una gran cantidad de fibra de sus frutos. Con esa fibra empezó a fabricar una cuerda resistente.
Un hombre llamado Moemoe lo vio trabajar y se burló de él.
—Nunca vas a atrapar al Sol. No sos más que un vago que no sirve para nada.
—Cuando venza a mi enemigo y consiga lo que quiero, voy a matarte —le respondió Maui.
Con la cuerda preparada, subió otra vez a Haleakala. Esperó hasta que el Sol apareció encima del sitio que había elegido. Hizo un lazo, lo arrojó y atrapó uno de sus rayos más grandes. Tiró hasta quebrarlo. Después enlazó otro y lo rompió también. Uno por uno fue quebrando todos los rayos fuertes del Sol.
—¡Ahora sos mi prisionero! —gritó—. Te voy a matar por andar tan rápido.
El Sol le pidió que lo dejara vivir.
—De ahora en adelante voy a ir más despacio. Mirá: ya me rompiste todas las piernas fuertes. Sólo me quedan las débiles.
Llegaron a un acuerdo. Maui lo soltó y el Sol siguió su camino con más lentitud. Así explica este relato que haya una época del año con días más largos que los de otra. También vincula la montaña con el nombre Alehe-ka-la, «el que enlaza al Sol», y sostiene que ése era el nombre que le correspondía.
Pero la historia de Maui no terminó en la montaña. Cuando volvió, fue a buscar a Moemoe, el hombre que se había burlado de él. No lo encontró en su casa y siguió tras sus pasos hasta Kawaiopilopilo, en la costa, al este de la roca negra de Kekaa y al norte de Lahaina.
Moemoe intentó escapar. Corrió cuesta arriba y cuesta abajo, esquivando a su perseguidor. Al final Maui, cada vez más enfurecido, se arrojó sobre él y lo mató.
El cuerpo de Moemoe se convirtió en una roca alargada. El relato la deja allí, junto al camino, como huella de aquella muerte.




