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Historias vinculadas
15 historias · 15 versiones
Cada cuento distingue la atribución de la obra, la fuente histórica y la versión española que vas a leer.
Las jezinkas y los ojos robados
Un muchacho huérfano recorría los caminos en busca de trabajo. No tenía padre ni madre y necesitaba ganarse el pan. Un día llegó a una choza solitaria, al pie del bosque. En la puerta había un anciano que, en lugar de ojos, tenía dos cavidades oscuras. Las cabras balaban en el establo.
La dama del bosque de abedules
Betty vivía con su madre, que era viuda. De sus bienes apenas quedaban una casita en ruinas y dos cabras, pero la niña casi siempre estaba alegre. Desde la primavera hasta el otoño llevaba las cabras al bosque de abedules. Su madre le daba una canasta con una rebanada de pan y un huso.
La Muerte madrina
Un hombre tan pobre que nadie quería ser padrino de su hijo recién nacido salió con el bebé en brazos. Había resuelto pedirle el favor a la primera persona que encontrara. Si no encontraba a nadie, quizá el sacristán pudiera ayudarlo.
El estudiante y el muerto agradecido
Un estudiante pobre iba por el camino hacia una ciudad cuando encontró, junto a la puerta de la muralla, el cuerpo de un hombre sin enterrar. Los que pasaban lo pisoteaban; otros le arrojaban palos o le escupían. El estudiante tenía poco dinero, pero pagó un entierro para que cesaran aquellos ultrajes. Rezó ante la tierra recién removida y siguió su viaje.
El cortejo de la peste
Un hombre ruteno había perdido a su mujer y a sus hijos por la peste. Abandonó la casa desolada y huyó al bosque en busca de refugio. Caminó todo el día. Al caer la tarde armó un cobertizo con ramas, encendió una fogata y se durmió, agotado.
La Helada, el Sol y el Viento
Un hombre iba solo por el camino cuando encontró al Sol, a la Helada y al Viento.
La joven de las lágrimas de perla
En una casita del bosque vivían un hombre y una mujer sin hijos. Fueron en peregrinación a pedirle a Dios una criatura y tuvieron una niña que creció sana.
La serpiente, la princesa y los anillos
Un emperador y una emperatriz tenían tres hijas. Cuando el padre enfermó, mandó a la mayor a buscar agua. Junto al agua había una serpiente.
El ruiseñor y el cuco
Una joven se enamoró de una serpiente, y la serpiente también la amaba. Se casaron. Su casa era de vidrio puro, toda de cristal, y estaba bajo tierra, dentro de una especie de montículo.
Avstriyat y los jinetes de la tormenta
En nuestro pueblo hubo un hombre llamado Avstriyat. Era un brujo capaz de apartar la lluvia y el granizo cuando quería.
Iliá de Múrom y Ruiseñor el bandido
En la aldea de Karachárovo, junto a la famosa ciudad de Múrom, vivía el campesino Iván Timoféievich. Su único hijo, Iliá, pasó treinta años sentado, sin poder caminar con firmeza. Cumplidos esos años, se sostuvo por fin sobre sus piernas y descubrió que tenía una fuerza inmensa. Se hizo armas de guerrero y una lanza de acero; después ensilló un caballo digno de un héroe.
La promesa de los tres hermanos
Un anciano tenía tres hijos y una hija. Al sentir que iba a morir, llamó a los varones y les hizo jurar que entregarían a su hermana en matrimonio al primero que viniera a pedirla, fuera quien fuese.
El cabello que guardaba la historia
Un hombre muy pobre tenía tantos hijos que no conseguía alimentarlos. Una mañana estuvo a punto, más de una vez, de matarlos para no verlos morir de hambre. Su mujer lo impidió.
El príncipe y la fuerza del dragón
Un emperador tenía tres hijos. Un día el mayor salió de caza. Apenas dejó la ciudad, una liebre saltó de un arbusto. El príncipe la persiguió de un lado a otro hasta un molino de agua. Entró detrás de ella, pero no era una liebre: era un dragón que lo esperaba para devorarlo.
La serpiente blanca de Ossiach
En la comarca de Osojani, también llamada Ossiach, las serpientes se multiplicaron tanto que aparecían por todas partes. Entraban en las casas, las iglesias, las lecherías y hasta en las camas. Ni siquiera se podía comer en paz: las hambrientas se metían en los platos.