BibliotecaLos luchadores
Camellos, bueyes y habitantes salen de una enorme cáscara de sandía con una pequeña ciudad en su interior.

Muzaffargarh · Narrador de Banda · Colección de Steel · Cuento tradicional

Los luchadores

Cuentos de la colección de Flora Annie Steel

5 min de lectura*10+ años · edad orientativa*
Empieza la historia

Un luchador de tierras lejanas oyó hablar de otro, en la India, tan fuerte que quiso desafiarlo. Envolvió una montaña de harina en su manta, se la puso sobre la cabeza y salió de viaje.

Al atardecer llegó a una laguna del desierto. Bebió una buena parte del agua, echó la harina en lo que quedaba y preparó una papilla enorme. Se la comió toda y se acostó a dormir bajo un árbol.

Un elefante acostumbraba beber allí. Esa noche encontró apenas barro con harina, y no había otra fuente cerca. Al ver al hombre dormido comprendió lo ocurrido y, furioso, le pisoteó la cabeza.

El luchador apenas se movió.

—Si me vas a masajear, hacelo bien. Poné un poco de fuerza.

El elefante lo rodeó con la trompa para levantarlo, pero el hombre lo agarró de la cola, se lo echó al hombro y siguió viaje.

Llegó a la casa de su rival y lo llamó. Desde adentro, la esposa contestó que había ido al bosque a buscar varas.

—Cuando vuelva, dale esto. Decile que vino de lejos alguien que quiere luchar con él.

Arrojó el elefante por encima del muro. Se oyó la voz de una niña:

—¡Mamá, ese hombre me tiró un ratón en la falda!

—Sacalo con la escoba. Tu padre le enseñará modales.

Hubo ruido de barrido y el elefante, ya muerto, volvió a pasar por encima del muro. El visitante pensó que, si la hija podía hacer eso, el padre sería un rival digno.

Lo encontró en el camino arrastrando ciento sesenta carros cargados de ramas. Sin anunciarse, sujetó el último carro y tiró hacia atrás. El otro pensó que una rueda se había hundido y tiró más fuerte. Durante una hora no avanzaron un solo paso.

Al fin el dueño de los carros fue a mirar qué pasaba. El visitante lo saludó y le propuso luchar allí mismo.

—¿Sin público? No tiene gracia —respondió el otro.

Justo entonces pasó una mujer que caminaba a grandes zancadas. Le pidieron que mirara el combate.

—No puedo detenerme: mi hija quiere robarme los camellos. Pero suban a la palma de mi mano y luchen mientras camino.

Los dos subieron y empezaron a forcejear. Al ver venir a su madre con aquellas figuras en la mano, la hija creyó que traía soldados. Metió los ciento sesenta camellos en una manta y huyó con el bulto al hombro.

Uno asomó la cabeza y empezó a quejarse. Para entretenerlo, ella arrancó un par de árboles y los echó también dentro. El dueño del terreno salió gritando que era una ladrona. La joven, enojada, metió en la manta al campesino, sus campos, sus cultivos, sus bueyes y su casa.

Llegó a una ciudad y pidió dulces a un pastelero. Como él se negó, levantó la ciudad entera y se la llevó. Fue agregando cuanto encontraba, hasta llenar la manta.

Por fin halló una sandía gigantesca. La abrió, comió la pulpa y quiso dormir. Pero los camellos hacían tanto ruido que no la dejaban. Pasó todo el contenido de la manta a la mitad inferior de la cáscara, la tapó con la otra mitad y usó aquella sandía como almohada.

Mientras dormía, llegó una crecida. El agua se llevó la cáscara, que flotó largo trecho hasta encallar en un banco de barro. La tapa se abrió y salieron los camellos, los árboles, el campesino, los bueyes, la casa, la ciudad y todo lo demás.

Así quedó un mundo nuevo sobre aquel banco, en medio del río.

Fin

¿Una historia para recordar?

Podés volver siempre que quieras.

Detrás de esta historia.

Un cuaderno abierto y una pluma junto a peras; un oso aparece a lo lejos ante las montañas.
Ilustración de su mundo literario

Recopiladora y responsable del texto inglés

Flora Annie Steel

Flora Annie Steel fue responsable del texto inglés de «Tales of the Punjab» y recogió la mayor parte de los relatos del volumen. El prefacio describe sesiones de narración y comparación de versiones; el apéndice conserva algunos nombres, como Habîb y Pandit...

Conocé su historia
Un libro abierto, hojas con manchas de acuarela y un lápiz, iluminados por la luz de una ventana.
Ilustración de su mundo literario

Anotador y analista de la colección

Richard Carnac Temple

Richard Carnac Temple preparó las anotaciones y los apéndices de análisis de «Tales of the Punjab», según el reparto de responsabilidades de su prefacio. Esos materiales ofrecen referencias, variantes y datos de quienes contaron los relatos. Su contribución forma parte de una...

Conocé su historia

Una historia, varios caminos.

Para conversar después

Ideas para compartir una vez que termina la historia.

Propuestas de lectura de Mitos y cuentos

Ideas y preguntas de nuestro equipo editorial para seguir pensando la historia. Podés elegir las que te interesen o quedarte con tu propia lectura.

Con chicos

Cada vez que aparece alguien más grande, lo que parecía enorme se vuelve pequeño. El cuento empieza con dos luchadores y termina siguiendo una sandía llena de cosas.

  • ¿En qué momento te cambió más la idea del tamaño de los personajes?
  • ¿Qué cosas salieron de la sandía que recordabas del camino?

Una mirada adulta

La escala desplaza sin descanso el centro de la narración. El desafío no necesita un vencedor porque queda absorbido por fuerzas mayores y por una historia que se forma dentro de otra. El nuevo mundo procede de traslados y apropiaciones, no de una creación desde la nada.

  • ¿Qué efecto produce abandonar el resultado del combate inicial?
  • ¿Cómo cambian las relaciones de poder cada vez que algo cabe en una mano o una manta?

Una biblioteca abierta para leer en compañía o perderse un rato entre cuentos.

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