Había un gran jefe que deseaba, por encima de todo, ser feliz en la vida venidera. Para ganar mérito, ofrecía banquetes a los religiosos y a quienes no tenían qué comer. Gastaba mucho de sus riquezas en esas celebraciones.
Tenía diez esposas. Nueve lo ayudaban, pero la principal, que era su favorita, nunca participaba. Prefería reír, vestirse con telas suaves y adornarse con joyas; no entregaba nada a los religiosos.
Al morir, el jefe y sus nueve compañeras fueron a vivir al cielo gracias al mérito que habían reunido. Allí él empezó a extrañar a su esposa favorita. Tomó un instrumento con el que podía mirar la tierra y la buscó durante muchos días. Por fin la encontró: había renacido como una grulla y andaba buscando alimento a la orilla de un lago.
Para averiguar si su corazón había cambiado, el jefe bajó convertido en pez. Nadó cerca de la grulla y ella lo picoteó. Pero el pez saltó fuera del agua y, al descubrir que estaba vivo, el ave lo dejó escapar. El jefe volvió a flotar a su alcance; la grulla lo picoteó otra vez y volvió a soltarlo cuando comprobó que todavía vivía.
El jefe se alegró. Su antigua esposa no quería quitar una vida ni siquiera para saciar el hambre. En el orden de esta historia, había reunido el mérito necesario para volver a nacer como mujer.
La grulla murió tiempo después y renació como hija de un jardinero. La niña creció y llegó a ser una joven de gran belleza. Sus padres organizaron una fiesta a la que invitaron a mucha gente. Durante la celebración le entregaron una guirnalda de flores.
—Tirala al aire —le dijeron—. El hombre sobre cuya cabeza caiga será tu marido.
Su esposo de la vida anterior la había encontrado de nuevo. Bajó del cielo con la apariencia de un anciano y se mezcló entre los invitados. Cuando la joven lanzó la guirnalda, las flores cayeron sobre la cabeza de aquel viejo.
Los demás se burlaron.
—¿Este palo encorvado cree que puede ser compañero de nuestra flor de loto?
Pero la muchacha puso su mano en la del anciano y los dos empezaron a elevarse. Los presentes quisieron detenerlos. El padre llegó a disparar contra el viejo, pero ambos siguieron subiendo hasta perderse de vista.
Desde entonces, cuando los relámpagos dibujan cadenas de luz en el cielo, la gente de esta historia ve la guirnalda de la joven. Cuando cae un rayo, dice que el jardinero vuelve a disparar contra el anciano. Y cuando el horizonte destella a lo lejos, dice que es el gran jefe pasando su instrumento de mirar sobre la tierra, todavía en busca de su esposa favorita.



