Njiwo, Antílope, y Nyare, Buey, fueron juntos a un poblado para participar de la danza Bweti. Bailaron tanto que, al terminar, Njiwo cayó dormido en la casa donde se habían reunido.
Mientras dormía, unas personas tramaron matarlo. Nyare oyó sus planes y volvió para avisarle. Pero tenía miedo de que también lo atraparan a él, de modo que lo llamó apenas en un susurro:
—Njiwo… Eziwo…
Eziwo era la forma familiar de llamar a su amigo. Ni un nombre ni el otro consiguieron despertarlo. Nyare no volvió a intentar: huyó hacia su propio poblado.
Después llegó la esposa de Njiwo y lo llamó con toda su voz. Él abrió los ojos a medias.
—¿Para qué me llamás? Dejá que descanse. Estoy cansado de bailar.
—¡Hay personas que quieren matarte! Tenés que levantarte.
Pero Njiwo estaba tan hundido en el sueño que no entendió el peligro. Se dio vuelta y siguió durmiendo. Su esposa, al ver que no lograba moverlo, salió a buscar ayuda.
Durante su ausencia llegaron los enemigos. Ataron a Njiwo, cerraron la casa y se fueron, dispuestos a regresar para matarlo cuando despertara.
Antes de que pudieran volver, la esposa regresó acompañada. Con machetes y cuchillos, quienes la ayudaban abrieron la puerta. Encontraron a Njiwo atado de pies y manos, todavía dormido. Lo sacudieron con fuerza.
—¿Qué quieren? —preguntó él, sin acabar de despertarse.
—Vengo a sacarte de acá —respondió su esposa.
Desató las cuerdas. Entre todos lo levantaron y se lo llevaron: seguía demasiado adormilado para caminar por su cuenta.
En el poblado de Nyare, mientras tanto, la gente había empezado a hacer preguntas.
—Fueron dos a bailar Bweti. Vos volviste, pero ¿dónde está tu compañero?
Nyare contó que no había podido despertarlo. No sabía nada del rescate y dio por hecho que los enemigos ya habían cumplido su amenaza.
—Mataron a Eziwo mientras dormía —aseguró.
—¡Pobre Eziwo! ¡El sueño lo mató! —lamentaron los demás.
La noticia corrió más rápido que los viajeros. Cuando Njiwo y su esposa llegaron, la gente los miró asombrada.
—¡Nyare dijo que te habían matado!
Su esposa explicó lo sucedido: Njiwo había estado en peligro, pero ella había conseguido ayuda y lo habían sacado a tiempo. Nyare había huido sin hacer todo lo posible por despertarlo y después había contado como cierta una muerte que no había visto.
Así terminó la amistad entre Antílope y Buey. Y, aunque Njiwo había vuelto con vida, quedó el proverbio que repetía aquella noticia equivocada: «Eziwo murió de sueño».



