Ngando, Cocodrilo, había vivido muchos años. Cuando finalmente murió, la noticia recorrió los poblados de los animales. Parientes y amigos llegaron para acompañar el duelo.
Pasaron los días que correspondían a la despedida. Entonces alguien habló de repartir los bienes que Ngando había dejado. La reunión, hasta ese momento tranquila, se llenó de voces.
—Cocodrilo era de los nuestros —dijeron las aves—. Nos toca repartir su herencia.
—¿De los suyos? —les preguntaron—. Ustedes tienen plumas y él llevaba el cuerpo cubierto de placas. ¿De dónde sacan ese parentesco?
Las aves no se dejaron impresionar.
—No hay que mirar solamente lo que llevaba puesto al crecer. Miren cómo empezó. Su madre puso un huevo, y de ese huevo salió Ngando. ¡Igual que nosotros! Por eso decimos que era nuestro pariente.
Los animales de cuatro patas protestaron todos juntos.
—¡No! Ngando pertenecía a nuestra familia. Nosotros vamos a repartir sus bienes.
El consejo les pidió una explicación. También tendrían que responder al argumento del huevo.
—Puede ser que haya que buscar el parentesco en el comienzo —dijeron—, pero todos los seres empezaron como huevos. Por eso no alcanza con hablar de huevos. Lo importante es cuándo empieza a verse qué ser hay allí. Cuando Ngando empezó a vivir, tenía cuatro patas, como nosotros. Ese es el parecido que cuenta.
Las aves volvieron a tomar la palabra:
—Primero nos dijeron que no podíamos ser sus parientes porque no tenemos sus placas. Pero ustedes tampoco las tienen: llevan pelo y pelaje. Si ese argumento nos deja afuera, también los deja afuera a ustedes.
Los otros quisieron interrumpirlas, pero las aves siguieron:
—Y tampoco aceptamos que su vida empezara recién cuando le salieron las patas. Ya estaba vivo dentro del huevo. Su huevo era como los nuestros, no como lo que ustedes llaman huevos. ¡Ngando era de nuestra familia!
—¡De la nuestra! —contestaron los animales de cuatro patas.
Así fue pasando la discusión de un lado al otro. Cada grupo repetía sus razones y encontraba una falla en las razones del contrario. Ninguno cedió. Y la cuestión de quiénes eran los parientes de Cocodrilo nunca llegó a resolverse.



