Ibembe, Paloma, construía su nido en un tronco junto al río. Le gustaba andar por el suelo. Un día vio salir del agua a Ngando, Cocodrilo, que fue a echarse sobre el tronco donde acostumbraba descansar.
Los dos decidieron hacer un pacto. Compartieron una preparación ritual con la que, en este cuento, se sellaban los juramentos. Quien faltara a su palabra invocaba sobre sí un castigo.
Paloma habló primero:
—Cuando ocurra algo a la vista y yo no te lo diga, que esta preparación me encuentre y me mate.
Cocodrilo prometió a su vez:
—Cuando algo salga del río hacia la tierra y yo no te avise, que esta preparación me encuentre y me mate.
Terminada la ceremonia, Cocodrilo regresó a su refugio junto al río. Paloma se alejó caminando. En el sendero se encontró con Njĕ, Leopardo.
—¿Podés averiguar dónde está Ngando? —le preguntó él—. Quiero comérmelo.
—Sería bueno que vos y yo viviéramos cerca y tuviéramos un acuerdo —respondió Paloma.
Leopardo aceptó. Los dos compartieron otra vez la preparación del juramento.
—Si algo viene al lugar donde vivo y quiere atraparte —prometió Leopardo—, y yo estoy allí y no te aviso, que esta preparación me encuentre y me mate.
Paloma también hizo su promesa:
—Si veo a Ngando y no te lo digo, que esta preparación me encuentre y me mate.
Cada uno regresó a su poblado. Paloma había sellado ahora dos pactos: uno con Cocodrilo y otro con quien quería devorarlo.
Un día, Ngando salió del río. Apenas lo vio, Paloma avisó a Leopardo:
—¡Acaba de salir! ¡Está por acomodarse sobre su tronco!
Leopardo empezó a acercarse despacio, sin dejar de vigilar a su presa. Cuando ya estaba cerca, Paloma se volvió hacia Cocodrilo.
—¡El que te acecha viene por ahí! ¡No te acerques!
Ngando se deslizó de nuevo en el agua y desapareció antes de que Leopardo pudiera atraparlo.
La siguiente vez que Leopardo encontró a Paloma, le pidió explicaciones.
—¿Qué me hiciste? Juraste avisarme cuando vieras a Cocodrilo para que yo fuera a buscarlo. Y, en cuanto me viste llegar, te diste vuelta y le avisaste que volviera al río. ¡Te burlaste de mí!
Leopardo se quedó lleno de furia. Paloma había dado los dos avisos, pero eso no había dejado satisfechos a todos los que escucharon sus promesas.



