BibliotecaEl nombre del hipopótamo Isantim
Una tortuga alza la cabeza ante Isantim, sorprendido junto a la mesa de su banquete.

Recopilación de Dayrell, sur de Nigeria · Cuento tradicional

El nombre del hipopótamo Isantim

Una mesa servida y una condición escondida

4 min de lectura*8+ años · edad orientativa*
Empieza la historia

El hipopótamo era un rey enorme. Solo el elefante lo superaba en tamaño. Tenía siete esposas, una casa espaciosa y la costumbre de preparar banquetes que hacían hablar a todos los vecinos.

Sin embargo, casi nadie sabía cómo se llamaba. Sus esposas conocían el nombre, pero los demás lo saludaban como rey, señor o hipopótamo. A él no parecía molestarle. Un día decidió aprovechar aquel secreto.

Había hecho servir una mesa llena de comida. Los invitados se acercaron, buscaron asiento y estaban por empezar cuando el anfitrión levantó la voz.

—Vinieron a comer a mi casa y ninguno sabe mi nombre. Si no pueden decírmelo, se van sin probar bocado.

Los invitados se miraron. Algunos aventuraron una respuesta; otros guardaron silencio. Nadie acertó. Tuvieron que levantarse y dejar la comida donde estaba.

La tortuga, antes de marcharse, hizo una pregunta:

—¿Y qué vas a hacer si en el próximo banquete yo digo tu nombre?

—Me va a dar tanta vergüenza que dejaré la tierra —respondió el hipopótamo—. Me iré a vivir al agua con toda mi familia.

La tortuga recordaba que el rey y sus esposas caminaban hasta el río cada mañana y cada tarde. Él iba adelante; las siete lo seguían. Allí se bañaban y bebían antes de regresar.

Un día, mientras estaban en el río, la tortuga cavó un pequeño hueco en medio del sendero. Esperó escondida hasta que vio volver al grupo. El hipopótamo pasó primero. Dos de sus esposas venían bastante atrás.

La tortuga se metió en el hueco y dejó parte del caparazón afuera. La primera de las dos tropezó con aquel obstáculo inesperado.

—¡Isantim, marido mío! ¡Me lastimé el pie! —gritó.

Eso era lo que la tortuga quería escuchar. Se retiró del camino y volvió a su casa repitiendo el nombre para no olvidarlo.

Llegó el día del siguiente banquete. Otra vez hubo platos abundantes; otra vez los invitados estuvieron a punto de sentarse. Y otra vez el hipopótamo puso su condición.

La tortuga se adelantó, pero no respondió enseguida.

—Primero prometeme que no me vas a matar si digo tu nombre.

El hipopótamo lo prometió. Entonces la tortuga alzó la voz para que la escuchara toda la mesa:

—¡Te llamás Isantim!

Los invitados festejaron. Ahora podían sentarse, y esta vez sí comieron. El hipopótamo no pudo retirar su palabra ni hacer desaparecer el nombre que todos acababan de oír.

Cuando terminó la fiesta, Isantim reunió a sus siete esposas y se fue con ellas al río, tal como había prometido. Allí establecieron su casa. El relato termina diciendo que por eso el hipopótamo vive en el agua y sale de noche a buscar comida: un nombre descubierto cambió para siempre el lugar de sus banquetes.

Fin

¿Una historia para recordar?

Podés volver siempre que quieras.

Detrás de esta historia.

Ilustración simbólica de la recopilación de Elphinstone Dayrell: un cuaderno, tinta y una pluma ante un río y hojas de palmera.
Ilustración de su mundo literario

Recopilador

Elphinstone Dayrell

Elphinstone Dayrell reunió los relatos de Folk Stories from Southern Nigeria, publicado en 1910. Trabajaba como funcionario colonial británico y su libro lleva una introducción de Andrew Lang. Esta selección conserva historias de animales, banquetes y transformaciones. La fuente identifica algunos escenarios,...

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Una historia, varios caminos.

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Ideas y preguntas de nuestro equipo editorial para seguir pensando la historia. Podés elegir las que te interesen o quedarte con tu propia lectura.

Con chicos

Los invitados ven la comida, pero el rey agrega una condición cuando ya están por sentarse. La tortuga encuentra una respuesta, aunque para conseguirla hace tropezar a alguien que no había puesto la regla. Podemos disfrutar el secreto descubierto y, a la vez, mirar a quién le toca pagar el costo del plan.

  • ¿Qué hace injusta o incómoda la invitación del hipopótamo?
  • ¿De qué otra manera podría la tortuga intentar conocer el nombre sin lastimar a una de las esposas?

Una mirada adulta

La prueba del nombre convierte la hospitalidad en una demostración de poder: el anfitrión decide quién come y retiene la única información que permitiría hacerlo. La tortuga altera esa distribución, pero obtiene ventaja mediante el dolor de otra persona. Su pedido de protección antes de responder muestra que conocer la solución no basta cuando el adversario también tiene autoridad. La historia permite conversar sobre promesas, represalias y astucia sin tener que aprobar todos los medios del personaje que gana.

  • ¿Por qué la tortuga pide una garantía aun después de haber ganado la prueba?
  • ¿Quiénes deciden las reglas y quiénes sufren consecuencias sin haberlas elegido?

Una biblioteca abierta para leer en compañía o perderse un rato entre cuentos.

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