BibliotecaEl huésped del jefe de los salmones
Los tripulantes de una flota prueban el agua en la desembocadura mientras un pasajero yace con la cabeza cubierta.

Hokkaidō (Yezo en la fuente), Japón · tradición ainu · Relato tradicional

El huésped del jefe de los salmones

Relatos ainu · voces registradas en 1886

4 min de lectura*10+ años · edad orientativa*
Empieza la historia

Un pescador ainu salió al mar en su bote. Mientras pescaba se levantó un viento fuerte. Perdió el rumbo y estuvo seis noches a la deriva.

Cuando ya parecía que iba a morir, vio tierra. Las olas lo llevaron hasta una playa. Bajó del bote y encontró un arroyo agradable; siguió su curso hasta llegar a un lugar muy poblado. Había hombres y mujeres por todas partes.

Entró en la casa del jefe. Allí lo recibió un anciano de aspecto divino.

—Quedate esta noche con nosotros —le propuso—. Mañana te mandaremos de vuelta a tu tierra. ¿Aceptás?

El pescador pasó la noche en su casa. A la mañana siguiente el anciano le explicó que un grupo de su gente viajaría al país del visitante para comerciar.

—Podés acompañarlos, pero tenés que acostarte en el bote y cubrirte bien la cabeza. No mires alrededor. Si mirás, los míos se van a enojar. Recordalo.

Una flota de cien embarcaciones esperaba junto a la costa. Los hombres y las mujeres subieron, y el pescador se acostó en una de ellas con la cabeza tapada. Partieron todos juntos, llevando los botes al ritmo de una canción hermosa. A él le gustaba escucharla.

Al cabo de un tiempo llegaron a tierra. El pescador miró apenas y vio la desembocadura de un río. Sus compañeros sacaban agua con cucharones, la probaban y decían:

—¡Qué buena es esta agua!

La mitad de la flota remontó el río. El bote del pescador siguió viaje hasta su lugar de origen. Allí los tripulantes lo arrojaron al agua.

Le pareció que había estado soñando. Cuando volvió en sí, la embarcación y su gente habían desaparecido. No supo adónde se fueron. Regresó a su casa y se durmió.

En sueños se le apareció el mismo anciano que lo había recibido.

—No soy un ser humano. Soy el jefe de los salmones, los peces divinos. Vi que estabas por morir entre las olas, te atraje hacia mí y te salvé. Creíste pasar una sola noche en mi casa, pero aquella noche fue un año entero. Cuando terminó, te envié de regreso.

El anciano le pidió que, desde entonces, le ofreciera bebida de arroz, levantara símbolos sagrados en su honor y lo venerara con estas palabras: «Hago una ofrenda al jefe de los salmones, los peces divinos».

—Te lo agradeceré —añadió—. Si no me rendís culto, te volverás pobre. No lo olvides.

Eso fue lo que el pescador escuchó del anciano divino en su sueño.

Fin

¿Una historia para recordar?

Podés volver siempre que quieras.

Detrás de esta historia.

Imagen simbólica: Un cuaderno abierto junto a un río entre bosque y costa; dos hojas superpuestas evocan narración y traducción.
Ilustración de su mundo literario

Recopilador y traductor de la fuente inglesa

Basil Hall Chamberlain

Basil Hall Chamberlain fue un estudioso de la lengua y la cultura japonesas y profesor de la Universidad Imperial de Tokio. Publicó Aino Folk-Tales en 1888 a partir de relatos ainu. En su prefacio distingue las traducciones que declara literales de las...

Conocé su historia
Imagen simbólica: Un río arbolado y un zorro a la orilla, con la luz reflejada como ondas de una voz.
Ilustración de su mundo literario

Narrador oral ainu

Ishanashte

Ishanashte es uno de los narradores ainu identificados por Basil Hall Chamberlain en Aino Folk-Tales. El prefacio lo vincula con Shumunkot, y las notas de los cuentos registran narraciones suyas de 1886. Quince relatos de esta selección proceden de versiones que Chamberlain...

Conocé su historia

Una historia, varios caminos.

Para conversar después

Ideas para compartir una vez que termina la historia.

Propuestas de lectura de Mitos y cuentos

Ideas y preguntas de nuestro equipo editorial para seguir pensando la historia. Podés elegir las que te interesen o quedarte con tu propia lectura.

Con chicos

Para conversar con chicos

El pescador conoce a sus compañeros como personas y sólo al final descubre quiénes eran. El canto, el viaje en grupo y el agua que prueban adquieren entonces otro sentido. Podés volver a esas escenas y buscar qué cambia al saber el secreto. También el tiempo resulta distinto de lo que él había sentido.

  • ¿Qué escenas mirarías de nuevo después de escuchar al anciano en el sueño?
  • ¿Cómo podría contar el pescador un año que vivió como una noche?

Una mirada adulta

Para una lectura adulta

La revelación transforma un viaje comercial en un desplazamiento de salmones, sin borrar la hospitalidad que el hombre recibió. La obligación ritual queda ligada a una vida salvada y reforzada por una amenaza de pobreza: gratitud y dependencia aparecen juntas. El pequeño vistazo no recibe un castigo identificado como tal; convertir la caída al agua en sanción agregaría una causalidad que la fuente no declara.

  • ¿Cómo conviven el regalo de la vida y la exigencia de culto?
  • ¿Qué cambia en la percepción del viaje cuando una noche equivale a un año?

Una biblioteca abierta para leer en compañía o perderse un rato entre cuentos.

Tus favoritos y tu avance se guardan en este navegador.

A tu manera.

Un rincón cómodo para tu próxima historia.

Tamaño del texto
21 px
Luz

Las opciones para guardar como PDF dependen de tu navegador y dispositivo.

Compartí el enlace al cuento, sin tu avance ni tus marcadores.