Un joven cazador, valiente y hábil, perseguía a un oso enorme entre las montañas. El animal subía por alturas cada vez más peligrosas. Por mucho que avanzara, el joven nunca quedaba lo bastante cerca para alcanzarlo con una flecha envenenada.
En una cumbre desolada, el oso desapareció por un agujero en el suelo. El cazador entró detrás. Encontró una caverna inmensa, con un resplandor en el extremo más lejano. Caminó a tientas hacia la luz y salió a otro mundo.
Había árboles, casas, aldeas y personas, como en la tierra que conocía, aunque todo parecía más hermoso. Pero él seguía buscando al oso. Supuso que habría ido hacia las montañas más apartadas y remontó un valle.
Estaba cansado y tenía hambre. Mientras caminaba fue recogiendo uvas y moras de los árboles y comiéndolas.
De pronto miró su cuerpo. Se había convertido en una serpiente.
Quiso gritar y lamentarse, pero de su boca sólo salieron silbidos. Si regresaba así al mundo humano, donde se temía a las serpientes, lo matarían. No sabía qué hacer. Sin decidirlo del todo, empezó a arrastrarse hacia la entrada de la caverna. Allí crecía un pino extraordinariamente alto. Se durmió a sus pies.
En sueños se le apareció la diosa del árbol.
—Me da pena verte así. ¿Por qué comiste los frutos venenosos del mundo de abajo? Sólo te queda subir hasta la copa de este pino y arrojarte. Tal vez recuperes tu forma.
Al despertar seguía siendo una serpiente. Tenía esperanza y miedo, pero resolvió seguir el consejo. Trepó hasta la rama más alta. Vaciló un momento y se dejó caer.
Cuando volvió en sí, estaba de pie junto al árbol, otra vez como hombre. A su lado yacía el cuerpo de una serpiente enorme, abierto por donde él había salido.
Agradeció al pino y levantó símbolos sagrados en su honor. Después cruzó la larga caverna hasta salir a la cumbre por la que había entrado. No había vuelto a ver al oso.
Regresó a su casa y se acostó. Esa noche soñó otra vez con la diosa del pino.
—Vine a decirte que no podés quedarte mucho tiempo entre los humanos después de comer las uvas y las moras del otro mundo. Allí hay una diosa que quiere casarse con vos. Fue ella quien tomó forma de oso y te atrajo hasta la caverna. Tenés que prepararte para partir.
El joven despertó, pero lo venció una enfermedad grave. Pocos días después volvió al mundo de abajo y ya no regresó a la tierra de los vivos.




