El datu Nebucheba había extendido su territorio gracias a Tomarind, un guerrero valiente. Sin embargo, en vez de agradecerle, comenzó a desear a su esposa. Durante años pensó cómo deshacerse de él sin revelar sus intenciones.
Por fin le dio una orden: debía traer una bola de mármol encantada que estaba dentro de una cueva. Dos monstruos custodiaban la entrada. Se decía que arrasaban aldeas y que nadie que hubiera entrado allí había vuelto con vida.
Tomarind sospechó que lo enviaban a morir. Antes de acercarse a la cueva, visitó a una mujer conocedora de magia en Tipuca. Ella escuchó su situación, realizó una ceremonia y le dio un bastón mágico.
Cuando Tomarind llegó con aquel bastón, los guardianes lo recibieron con amabilidad. Le entregaron la bola y lo dejaron marchar.
A la mañana siguiente se presentó ante Nebucheba. El datu, que ya se imaginaba dueño de su esposa, tuvo que inventar otro encargo.
Esta vez le pidió llevar una carta a sus padres, que estaban en el mundo de los muertos. Mandó cavar un pozo y apilar grandes piedras junto a su boca.
Tomarind volvió a Tipuca. La mujer advirtió el plan: en cuanto bajara, el gobernante ordenaría arrojarle las piedras. Durante la noche, con ayuda de espíritus invisibles, abrió un túnel desde el fondo del pozo del datu hasta el pozo de Tomarind.
—Cuando estés abajo, metete en el pasadizo sin perder tiempo —le indicó.
Tomarind cumplió la orden de llevar la carta y luego escapó por el túnel. Nebucheba creyó que estaba muerto y celebró en su casa.
En plena fiesta apareció el guerrero con una supuesta respuesta de sus padres. La carta decía que querían verlo y que tenían una joven muy hermosa para él.
Nebucheba decidió bajar al día siguiente. Reunió a sus súbditos y anunció:
—Voy a visitar a mis padres. Si aquel lugar es mejor que este, me quedaré allí. Tomarind será mi sucesor.
A la mañana lo bajaron despacio. Cuando llegó al fondo, Tomarind arrojó las grandes piedras sobre él y lo mató.
El guerrero ocupó el lugar que el propio datu le había asignado. Según concluye esta versión, gobernó con justicia durante muchos años. Su antiguo señor no volvió a salir del pozo que había preparado para otro.



