El chow de una gran provincia estaba enfermo. Habían llamado a médicos de muchos lugares, pero ninguno podía curarlo ni comprender qué le sucedía. Un día se presentó un anciano y pidió verlo: decía que traía un mensaje de los espíritus.
Lo dejaron entrar y el viejo se acercó al gobernante.
—Anoche tuve una visión mientras estaba acostado —le contó—. Un espíritu me tocó y me llevó hasta la orilla del río. Allí me esperaba un bote. Subí, y unas manos que no podía ver lo hicieron avanzar rápidamente corriente abajo.
»Al cabo de un rato nos detuvimos al pie de una montaña alta. El espíritu me guio por la ladera, aunque no había sendero alguno. En la cumbre encontré dos grandes paredes de roca y, entre ellas, una entrada parecida a la puerta de una ciudad.
»Después me llevó al otro lado de la montaña y me indicó que subiera por una roca donde nadie había pisado. Bien arriba vi una abertura pequeña, como la boca de un pozo. Me acosté sobre la piedra y estiré todo el brazo, pero no alcancé el fondo.
»Miré mejor y encontré, junto a la abertura, una copa atada a la punta de una vara. Con ella pude sacar agua limpia. Iba a beberla cuando el espíritu me detuvo. Me ordenó venir a decirte que solo esa agua te curaría. Por eso estoy aquí, príncipe: para llevarte hasta el lugar.
El chow le creyó. Mandó preparar los botes y reunió a muchos servidores. Con el anciano como guía, emprendieron el viaje en busca del pozo.
Todo ocurrió como en la visión. Navegaron hasta el pie de una montaña alta y desembarcaron donde el viejo les indicó. Él avanzó sin equivocarse por una ladera sin caminos. El gobernante lo siguió apoyado en los brazos de dos hombres fuertes.
Encontraron las paredes de piedra y la entrada que el anciano había descrito. Después de una subida larga y agotadora, alcanzaron la abertura en la roca.
El viejo tomó el bastón del chow, ató a su extremo la copa de oro que el gobernante usaba para beber y la hizo bajar dentro del pozo. Cuando la levantó llena, se la ofreció.
El chow bebió y se echó agua en la cabeza y las manos. La leyenda cuenta que su enfermedad desapareció y que quedó como un hombre nuevo. También dice que, desde entonces, la gente acudía a aquella agua buscando curarse.



