Un hombre fue a la casa de Nasrudín para pedirle prestado el burro. Se detuvo junto a la puerta y explicó lo que necesitaba. Nasrudín lo escuchó con atención.
—Hoy no va a poder ser —le respondió—. El burro no está en casa.
El hombre iba a contestarle cuando, desde adentro, llegó un rebuzno largo y sonoro. No parecía venir de la calle ni de un patio vecino. Salía de la propia casa de Nasrudín.
Los dos se quedaron un instante en silencio. El visitante volvió la cabeza hacia el lugar de donde había llegado el sonido y después miró a Nasrudín.
—Me acabás de decir que no está, pero se lo escucha rebuznar ahí adentro.
Nasrudín se llevó la mano a la barba. En vez de mirar hacia el patio, miró al hombre como si fuera él quien acabara de decir una cosa extraordinaria.
—¡Qué manera de hablar! ¿Le vas a creer a un burro antes que a un hombre de barba blanca como yo?



