Nasrudín había comprado un hígado y lo llevaba a su casa. De pronto un milano bajó desde lo alto, lanzó un chillido, le arrebató el hígado y se fue volando.
Nasrudín se quedó mirando. Comprendió que no podría recuperar la carne y tomó una decisión: subió corriendo a una altura.
Cuando pasó por abajo un hombre con un hígado en la mano, Nasrudín se lanzó hacia él, se lo quitó y volvió corriendo a lo alto de la roca.
—¡Eh, Nasrudín! ¿Qué estás haciendo? —gritó el hombre.
—Nada, jugando al milano para divertirme.



