Unos muchachos de Belgrado llevaron a Nasrudín al baño público. Habían escondido varios huevos en sus bolsas.
Entraron, se quitaron la ropa y pasaron a la sala de baño. Sentados en el banco, propusieron:
—Vamos a poner huevos. El que no ponga ninguno paga el baño de todos.
Entonces empezaron a cacarear como gallinas y a tirar sobre el banco de piedra los huevos que habían llevado.
Nasrudín los miró y, de pronto, se puso a hacer mucho ruido, cantando como un gallo.
—¿Qué hacés, Nasrudín? —preguntaron los muchachos.
—¿Cómo? ¿No hace falta un gallo donde hay tantas gallinas?



