Una pareja de halcones vivía con sus pichones en un árbol de una isla. Alrededor se extendía un lago. En sus orillas vivían un martín pescador, una tortuga y un león.
La madre halcón le preguntó a su compañero si conocía a otros animales de aquel lugar. Él respondió que no tenía amigos cerca.
—Entonces sería bueno conocer a nuestros vecinos —dijo ella—. Si llega una dificultad, necesitaremos ayuda.
El padre visitó al martín pescador, a la tortuga y al león. Así comenzó la amistad entre los animales del lago.
Una tarde llegaron cazadores a la isla. Habían buscado presas durante todo el día sin encontrar nada y decidieron pasar allí la noche. Se acostaron sobre hojas, justo debajo del nido.
Los mosquitos no los dejaban dormir. Para espantarlos encendieron una fogata. El humo despertó a los pichones, que comenzaron a chillar.
—¡Hay aves ahí arriba! —dijo uno de los hombres—. Nos servirán de desayuno.
Agregaron leña al fuego y uno empezó a trepar. La madre halcón oyó sus planes y mandó al padre a buscar al martín pescador.
El amigo llegó enseguida. Entró en el lago, batió las alas y echó agua sobre las llamas. Cuando el fuego se apagó, el cazador tuvo que bajar.
Los hombres encendieron otra fogata. El martín pescador volvió a apagarla. Así siguieron durante horas, hasta que el ave apenas podía mover las alas.
La madre lo vio agotado.
—Andá a buscar a la tortuga —le pidió al padre—. Nuestro amigo necesita descansar.
La tortuga nadó hasta la isla, recogió barro y apagó con él el fuego nuevo. Los cazadores cambiaron de idea: podrían comer tortuga en lugar de pichones.
No tenían una red, así que juntaron enredaderas y rasgaron su ropa para hacer tiras. Rodearon con ellas a la tortuga e intentaron darla vuelta. Pero ella se lanzó al agua de golpe. Los hombres no quisieron soltar las cuerdas y terminaron arrastrados al lago.
Salieron empapados y más enojados que antes. Todavía faltaba para el amanecer, y comenzaron otra fogata.
La madre halcón pidió una última ayuda. El padre voló hasta el león y le contó toda la noche: los pichones en peligro, el martín pescador cansado y la tortuga que había hecho caer a los hombres al agua.
El león se puso en marcha. Antes de llegar al árbol lanzó un rugido que atravesó la isla.
Los cazadores lo oyeron y escaparon. Cuando el león llegó al pie del nido, no quedaba ninguno.
El martín pescador y la tortuga se reunieron con él. Arriba, los pichones seguían junto a sus padres. Los halcones agradecieron a sus amigos: cada uno había llegado cuando otro ya necesitaba descansar, y entre todos habían sostenido la noche.



