Cerca de un lago vivían tres amigos: un ciervo que recorría el bosque, una tortuga que nadaba entre los juncos y una pájara carpintera con su nido en lo alto de un árbol.
Un cazador encontró las huellas del ciervo junto al agua. Preparó una trampa de tiras de cuero y se marchó. Esa noche, cuando el ciervo se acercó a beber, quedó atrapado. Su grito despertó a los otros dos.
La tortuga salió del lago y la carpintera bajó del árbol. Miraron las tiras que sujetaban a su amigo.
—Vos podés ir cortando el cuero con la boca —le dijo la carpintera a la tortuga—. Yo trataré de retrasar al cazador.
La tortuga empezó a morder las ataduras. La pájara voló hasta la casa del hombre y esperó cerca de la puerta.
Al amanecer, el cazador salió con un cuchillo. La carpintera se lanzó hacia su cara, batiendo las alas. Él retrocedió y volvió a acostarse un rato.
Cuando quiso salir de nuevo, eligió la puerta trasera. La carpintera había pensado en lo mismo y ya lo esperaba allí. Otra vez se le cruzó delante del rostro y lo hizo regresar a la casa.
El sol empezaba a subir cuando el hombre salió por tercera vez. Esta vez la pájara voló al lago para avisar.
La tortuga había cortado casi todas las tiras. Solo quedaba una, pero el cuero le había lastimado la boca y estaba agotada. Al oír la advertencia y ver al cazador, el ciervo dio un tirón con todas sus fuerzas. La última atadura se rompió.
El ciervo corrió al bosque y la carpintera subió al nido. La tortuga, demasiado débil para escapar, quedó en la orilla. El hombre la metió en una bolsa y la colgó de un árbol.
Desde su escondite, el ciervo vio lo ocurrido. Salió lo suficiente para que el cazador lo descubriera y después comenzó a alejarse. Lo dejó acercarse, volvió a correr y lo llevó cada vez más adentro del bosque.
Cuando estuvieron lejos, el ciervo tomó otro camino y regresó al lago. Llamó a su amiga hasta oír una voz desde la bolsa. La levantó con las astas, la echó al suelo y rasgó la tela.
La tortuga estaba libre. La carpintera bajó a reunirse con ellos, pero el ciervo les pidió que se pusieran a salvo antes de seguir hablando.
La tortuga se hundió en el agua. La pájara voló. El ciervo desapareció entre los árboles.
El cazador volvió y solo encontró su bolsa rota. Se la llevó a casa. Los tres amigos pudieron seguir viviendo cerca del lago.



