Un perro empezó a visitar el establo donde vivía el elefante del rey. Al principio iba por los restos de comida que quedaban cuando el animal terminaba de comer. Esperaba cerca, recogía algún bocado y volvía al día siguiente.
Con el tiempo, el elefante dejó de esperar al final para darle su parte. Comían juntos. Cuando uno descansaba, el otro se acomodaba a su lado. A veces el elefante levantaba al perro con la trompa y lo mecía suavemente para jugar.
Un día llegó un campesino. Vio al perro, le gustó su manera de acercarse y le preguntó al cuidador si podía comprarlo. El hombre, que quería dinero y no le prestaba mucha atención al animal, puso un precio. El campesino pagó y se llevó al perro hacia el campo.
Cuando llegó la comida, el elefante miró el lugar donde solía sentarse su amigo. No comió. Tampoco quiso ir a bañarse.
Al día siguiente volvió a ocurrir lo mismo. Y al tercero, cuando seguía sin comer ni entrar al agua, avisaron al rey.
El rey envió a su principal servidor para averiguar qué pasaba. El hombre fue al establo, observó al elefante y habló con el cuidador. No encontraba una explicación hasta que preguntó si le faltaba algún compañero.
—Había un perro —respondió el cuidador—. Comían, dormían y jugaban juntos. Se fue hace tres días.
El servidor quiso saber adónde lo habían llevado, pero el hombre no conocía la casa del comprador.
Volvió ante el rey y le contó lo que había descubierto. El cambio había comenzado cuando separaron a los dos amigos.
El rey mandó anunciar por todo el país que quien hubiera comprado aquel perro debía dejarlo regresar. Le devolverían lo que había pagado por él.
El campesino oyó el anuncio y soltó al perro. El animal tomó el camino de vuelta y corrió hasta el establo.
Al verlo, el elefante lo levantó con la trompa y lo puso un momento sobre su cabeza. Después lo dejó otra vez en el suelo. Cuando trajeron comida, esperó a que el perro empezara a comer y entonces comió también.
Desde aquel día volvieron a compartir el establo. El lugar era el mismo, pero el compañero que faltaba había regresado.



