Kwon Jai era un hombre de alto rango que disfrutaba de las excursiones y de distintas formas de diversión. Una noche, mientras dormía, se le presentó un anciano llorando.
El visitante se inclinó y le pidió ayuda.
—El ministro Hong quiere matarme a mí y a toda mi familia. Por favor, salvanos.
—¿Qué puedo hacer yo? —preguntó Kwon.
—Va a venir a invitarte. No lo acompañes. Si vos no vas, él va a dejar el plan.
Poco después golpearon la puerta. Kwon despertó y preguntó quién era. Había llegado Hong: quería invitarlo al lago de los Lotos para pescar tortugas.
Kwon recordó las palabras del sueño. Comprendió que el anciano que le había hablado era, dentro de aquella visión, una tortuga preocupada por su familia.
No contó lo soñado. Le dijo a Hong que estaba enfermo y que no podía acompañarlo.
La excursión no se hizo. Según supo después quien narró la historia, Hong también desistió de ir al lago. Aquella mañana, las tortugas no recibieron la visita de los dos hombres.



