Una tarde, el rey regresó de pasear por el bosque y reunió a su familia junto al lago del jardín. Hacía calor y todos querían entrar al agua. Antes de hacerlo, la reina dejó su collar de perlas dentro de una caja y se lo encargó a una sirvienta.
Desde una rama, una mona había observado las perlas. Esperó sin moverse. Al principio la mujer vigilaba la caja; después empezó a cabecear y terminó dormida.
La mona bajó de un salto, abrió la caja y tomó el collar. Volvió al árbol y se lo puso. Las perlas le gustaban tanto que se habría quedado mirándolas, pero tuvo miedo de que algún guardia levantara la vista. Las escondió en un hueco del tronco y se sentó cerca, como si nada hubiera pasado.
Cuando la sirvienta despertó, encontró la caja vacía.
—¡Un hombre se llevó las perlas de la reina! —gritó.
Acudieron los guardias. La mujer contó que se había quedado dormida. El rey les ordenó encontrar al ladrón y todos comenzaron a buscar entre los senderos y las puertas.
El jefe de la guardia se quedó pensando. Nadie de afuera había podido entrar: las puertas estaban vigiladas. En cambio, en aquel jardín vivían muchísimos monos.
Esa noche compró collares de cuentas de vidrio de colores. Sus hombres los colgaron de los arbustos bajos, donde pudieran verse al amanecer. Después se ocultaron.
Los monos encontraron los collares y bajaron a buscarlos. Pronto saltaban de una rama a otra mostrando sus cuentas verdes, rojas y azules.
Solo la mona del collar de perlas permanecía junto al hueco del tronco.
—¡Qué lástima que no conseguiste ninguno! —le decían los demás.
Ella intentó quedarse callada. Pero las cuentas brillaban, los otros no dejaban de mostrarlas y, al final, no pudo soportarlo más. Sacó las perlas, se las puso y bajó.
—¡Los de ustedes son de vidrio! ¡Miren el mío!
El jefe salió de su escondite y la atrapó con el collar puesto. La llevó ante el rey y explicó cómo había seguido aquella pista.
Las perlas volvieron a su caja. El rey agradeció al guardia, que había encontrado a la ladrona después de hacerse una pregunta distinta de la que todos repetían.



