BibliotecaLa tortuga, la roca y la palmera
La tortuga se esconde junto a una palmera rodeada por la cuerda de la que tira el hipopótamo desde el río.

Recopilación de Dayrell, sur de Nigeria · Cuento de ingenio

La tortuga, la roca y la palmera

Dos apuestas con ayuda escondida

5 min de lectura*8+ años · edad orientativa*
Empieza la historia

El elefante y el hipopótamo eran amigos. Les gustaba comer juntos y conversar sin apuro. Una vez, mientras compartían la comida, apareció la tortuga con una propuesta que los hizo reír.

—Serán grandes y fuertes, pero ninguno de los dos puede sacarme del río tirando de una cuerda.

El elefante miró las patas pequeñas de la tortuga.

—¿A vos? —preguntó.

—A mí. Te apuesto diez mil varillas.

Aquellas varillas servían como dinero. El elefante estaba tan seguro de ganar que ofreció el doble si perdía. Acordaron encontrarse al día siguiente junto al río.

Por la mañana, la tortuga consiguió una cuerda resistente hecha con fibras de plantas trepadoras. Se ató una parte a la pata y bajó al agua. Conocía bien el fondo y sabía dónde había una roca grande, firmemente asentada. Sujetó la cuerda a esa roca, dejó el otro extremo en la orilla y se escondió bajo el agua.

Cuando llegó el elefante, vio el extremo que debía agarrar. Empezó a tirar. Primero hizo una prueba suave; después se afirmó mejor en la tierra y usó toda su fuerza. La cuerda se tensó, pero la tortuga no salió del río.

El elefante tiró y tiró hasta que la cuerda se rompió.

Enseguida, sin dejarse ver, la tortuga desató el tramo sujeto a la roca. Subió a la orilla mostrando el que todavía llevaba en la pata.

—No pudiste sacarme —dijo.

El elefante tuvo que admitirlo. Le entregó las veinte mil varillas prometidas, y la tortuga volvió a su casa. Con ese dinero, ella y su esposa vivieron cómodamente durante un tiempo.

Pasaron tres meses. Como las varillas se estaban terminando, la tortuga fue a buscar al hipopótamo y le propuso la misma apuesta.

—Acepto —dijo él—, pero esta vez voy al agua yo. Vos te quedás en tierra. Vamos a ver si puedo arrastrarte.

La tortuga estuvo de acuerdo. Consiguió otra cuerda fuerte, la sujetó a una pata trasera del hipopótamo y esperó a que él se sumergiera. Apenas desapareció, dio dos vueltas con la cuerda alrededor de una palmera robusta. Se escondió junto al tronco.

Desde el río, el hipopótamo empezó a tirar. La palmera resistió. Él volvió a intentarlo una y otra vez, hasta que salió agotado, resoplando y echando agua por las narices.

La tortuga lo vio aparecer, desenrolló rápidamente la cuerda y se acercó con ella atada a su propia pata. El hipopótamo no había visto la palmera. Creyó que toda aquella resistencia venía de la tortuga y le pagó otras veinte mil varillas.

El elefante y el hipopótamo conversaron después. Si aquel animal tan pequeño era tan fuerte, convenía tenerlo como amigo. La tortuga aceptó la amistad, pero señaló una dificultad:

—No puedo vivir con ustedes en dos lugares al mismo tiempo. Mi hijo se va a quedar con el elefante, en tierra, y yo voy a vivir con el hipopótamo, en el agua.

Así lo hicieron. De ese reparto hace nacer el cuento a las tortugas terrestres y a las acuáticas. Agrega que las del agua crecieron más, porque tenían muchos peces para comer. La roca y la palmera quedaron fuera de la conversación: los dos amigos grandes siguieron creyendo que habían perdido contra las patas de una tortuga.

Fin

¿Una historia para recordar?

Podés volver siempre que quieras.

Detrás de esta historia.

Ilustración simbólica de la recopilación de Elphinstone Dayrell: un cuaderno, tinta y una pluma ante un río y hojas de palmera.
Ilustración de su mundo literario

Recopilador

Elphinstone Dayrell

Elphinstone Dayrell reunió los relatos de Folk Stories from Southern Nigeria, publicado en 1910. Trabajaba como funcionario colonial británico y su libro lleva una introducción de Andrew Lang. Esta selección conserva historias de animales, banquetes y transformaciones. La fuente identifica algunos escenarios,...

Conocé su historia

Una historia, varios caminos.

Para conversar después

Ideas para compartir una vez que termina la historia.

Propuestas de lectura de Mitos y cuentos

Ideas y preguntas de nuestro equipo editorial para seguir pensando la historia. Podés elegir las que te interesen o quedarte con tu propia lectura.

Con chicos

En las dos apuestas, el animal grande ve una cuerda atada a una pata. Nosotros también sabemos lo que hay del otro lado: una roca o una palmera. Esa diferencia hace divertido el engaño y permite preguntar qué necesita ver cada personaje para entender de verdad lo que pasó. La tortuga encuentra una solución distinta cuando el hipopótamo cambia las condiciones.

  • ¿Qué cambia entre la primera apuesta y la segunda?
  • ¿Qué prueba podría pedir el elefante para saber si la fuerza era realmente de la tortuga?

Una mirada adulta

Esta variante tiene dos engaños sucesivos y distintos. La superioridad aparente de la tortuga depende de apoyos ocultos, de conocer el terreno y de retirar la evidencia a tiempo. La ganancia económica y la amistad posterior complican la evaluación de su triunfo: la protagonista recibe reconocimiento por una fuerza que otros le atribuyen. La explicación de los hábitats agrega un segundo cierre; primero se resuelve la apuesta, luego la organización de la vida animal.

  • ¿Qué información confunden los animales con una prueba suficiente?
  • ¿Cómo cambia la lectura si imaginamos que el elefante necesita esas varillas para vivir?

Una biblioteca abierta para leer en compañía o perderse un rato entre cuentos.

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