Clara y Philip deseaban tener un hijo. Después de casi cinco años de casados, ella anunció que iba a rezar una novena a la Virgen María.
—Aunque tuviera que dejar que mi hijo sirviera al Diablo —dijo—, con tal de tenerlo.
Durante nueve tardes fue a la iglesia. Al terminar no ocurrió nada, pero un mes después, según cuenta esta historia, nació el niño que tanto habían esperado. Lo llamaron Idó.
Creció querido por sus padres y con muchas ganas de recorrer los bosques. Cerca de sus diecisiete años, alguien golpeó la puerta de la casa. Era una figura con aspecto de oso. Clara comprendió que había venido a cobrar aquella promesa.
—Vengo por tu hijo —dijo el Diablo.
La madre llamó a Idó. El joven primero se negó, pero finalmente aceptó acompañarlo por la promesa que ella había hecho.
El Diablo lo llevó a su cueva e intentó tentarlo de muchas maneras, sin conseguirlo. Entonces lo obligó a cambiar de ropa: Idó le dio su traje de soldado y recibió la vestimenta que lo hacía parecer un oso.
También recibió una gran bolsa llena de dinero.
—Viajá durante siete años —ordenó el Diablo—. Si llegás vivo al final y gastás esto solamente en hacer el bien, vas a quedar libre. Si lo derrochás, vendrás conmigo al infierno.
Idó partió. La gente se asustaba al verlo y le negaba un lugar para dormir. Cuando repartía dinero, en cambio, se acercaban a él y lo recibían.
En una de las ciudades encontró a una anciana acusada de no pagar una deuda. Tampoco podía pagar la multa que le habían impuesto. Idó entregó el dinero necesario para liberarla, y ella lo invitó a su casa.
La mujer tenía tres hijas. Les pidió que alguna se casara con quien la había ayudado. Las dos mayores se negaron y se burlaron de su aspecto. La menor aceptó, diciendo que quería ayudar a su madre a devolverle la bondad recibida.
Antes de casarse, Idó pidió ausentarse un año más: todavía debía terminar su viaje. La joven estuvo de acuerdo y le dio la mitad de un anillo como recuerdo.
Cuando se cumplieron los siete años, Idó regresó a la cueva.
—Cumpliste tu tarea —reconoció el Diablo—. Usaste el dinero con honradez. Me ganaste.
Volvieron a cambiar de ropa. Con su traje de soldado, Idó fue a buscar a la joven. Las hermanas mayores, al ver llegar a aquel visitante bien vestido, se arreglaron pensando que venía a cortejarlas.
Pero él mostró la mitad del anillo y pidió casarse con la menor. Las otras quedaron llenas de disgusto. La joven reconoció el recuerdo que le había entregado y recibió feliz al viajero que había vuelto.



