BibliotecaEl quinto hermano del barbero
Un vendedor contempla una botella junto a una cesta de cristales rotos.

Las mil y una noches · tradición de Oriente Medio · Cuento tradicional

El quinto hermano del barbero

Una fortuna que siempre se escapa

6 min de lectura*14+ años · edad orientativa*
Empieza la historia

Alnaschar, el quinto hermano de un barbero, había pasado años viviendo de lo que otros le daban. Cuando murió su padre, le tocaron cien monedas de plata. Por primera vez tuvo que decidir qué hacer con un dinero propio.

Compró vasos y botellas, alquiló un pequeño local y puso la mercadería en una cesta, junto a la puerta. Antes de vender una sola pieza, empezó a calcular en voz alta: con cien ganaría doscientas; con doscientas, cuatrocientas. Después comerciaría con joyas, compraría una mansión y se casaría con la hija del gran visir.

Un sastre vecino lo escuchaba. Las fantasías de Alnaschar se volvieron cada vez más arrogantes. Ya se imaginaba humillando a su futura esposa, negándose a hablarle y tratándola como si su riqueza le diera derecho a disponer de ella.

En su imaginación, la mujer le ofrecía una copa. Él la rechazaba con una patada. Tan metido estaba en aquella escena que lanzó de verdad el pie: golpeó la cesta y todas sus botellas se hicieron pedazos.

El sastre se rio del accidente, pero también lo reprendió por la crueldad que había imaginado. Alnaschar miró su fortuna desparramada en la calle y empezó a lamentarse. Una señora que pasaba preguntó qué ocurría. Al enterarse de que había perdido toda su mercadería, mandó darle una bolsa con quinientas monedas de oro.

Alnaschar volvió a su casa creyéndose favorecido por la suerte. Poco después llegó una anciana y pidió agua para lavarse antes de rezar. Él la dejó entrar. Al verla mal vestida, le ofreció unas monedas, pero ella las rechazó: decía servir a una mujer hermosa y riquísima.

—Si venís conmigo, quizá quiera casarse con vos —le aseguró.

Alnaschar escondió el oro en su ropa y la siguió. Entraron en una casa elegante. Una mujer lo recibió, conversó con él y lo dejó esperando en otra habitación. Enseguida apareció un hombre armado: le quitó el dinero, lo hirió y lo arrojaron a un sótano donde había otras víctimas.

Lo creyeron muerto. Dos días después, Alnaschar reunió fuerzas para salir. Esperó a que la anciana abandonara la casa y escapó hasta la de su hermano, el barbero, que lo cuidó durante un mes.

Cuando se recuperó, decidió vengarse. Llenó una bolsa de vidrios, se disfrazó de anciana y salió con una espada oculta. Al encontrar a la mujer que lo había engañado, le pidió una balanza para pesar su supuesto oro. Ella volvió a llevarlo a la misma casa.

Esta vez Alnaschar estaba preparado. Mató al hombre armado, a la sirvienta que colaboraba con él y a la anciana. Después buscó a la mujer que lo había recibido.

Ella le suplicó que la escuchara. Había sido esposa de un comerciante; la anciana la había atraído con la invitación a una boda y llevaba tres años retenida allí. Alnaschar le perdonó la vida.

La cautiva le mostró unos cofres llenos de oro.

—Buscá hombres que puedan llevárselos —le dijo.

Alnaschar salió enseguida. Cuando regresó con ayuda, la mujer había desaparecido con el dinero. Solo quedaban los muebles. Se los llevó para compensar lo que había perdido, pero dejó abierta la casa y los vecinos avisaron a la policía.

Lo detuvieron como ladrón. Ante el juez, Alnaschar contó todo después de obtener la promesa de que no sería castigado. El juez mandó buscar los muebles, se los quedó y lo expulsó de la ciudad. Temía que acudiera al califa para denunciarlo.

Ni siquiera terminó allí la desgracia. En el camino, unos ladrones le quitaron la ropa y lo dejaron abandonado. Cuando el barbero se enteró, fue a buscarlo, lo vistió y lo llevó de vuelta, disfrazado y de noche.

Alnaschar, que había imaginado palacios y criados, terminó bajo la protección de su hermano. Allí recibió los cuidados que ninguna de sus fortunas, verdaderas o soñadas, había conseguido asegurarle.

Fin

¿Una historia para recordar?

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Detrás de esta historia.

Andrew Lang
Fuente del retrato

Editor de la fuente histórica

Andrew Lang

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Ideas y preguntas de nuestro equipo editorial para seguir pensando la historia. Podés elegir las que te interesen o quedarte con tu propia lectura.

Con chicos

La cesta rota es solo el comienzo. Alnaschar recibe dinero, cae en una trampa y responde con una venganza mortal. El final lo muestra necesitando los cuidados de su hermano. Cada giro cambia lo que puede hacer: a veces decide él y otras veces su suerte queda en manos ajenas.

  • ¿Qué cambia entre las riquezas que imagina y las que encuentra de verdad?
  • ¿Qué parte del relato te gustaría volver a escuchar desde otro personaje?

Una mirada adulta

Los giros impiden cerrar la historia con la advertencia habitual sobre fantasear demasiado. Una donación reabre la fortuna, una trampa la arrebata, la venganza parece recuperarla y el poder judicial vuelve a confiscarla. La crueldad imaginada del comienzo y la violencia posterior permiten interrogar el ascenso que Alnaschar desea. El cuidado del barbero ofrece un cierre distinto de la riqueza soñada.

  • ¿Cómo cambia la lectura de la cesta rota al conocer todo lo que viene después?
  • ¿Qué formas de poder aparecen como promesa o amenaza a lo largo del relato?

Una biblioteca abierta para leer en compañía o perderse un rato entre cuentos.

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