El mono y el conejo hicieron un acuerdo: el mono se encargaría de matar las mariposas y el conejo, las serpientes.
Una vez, mientras el conejo dormía, el mono se acercó y le tiró de las orejas, tomándolas por mariposas. El conejo se despertó furioso. Aquella broma no le había hecho ninguna gracia y juró vengarse.
Esperó hasta encontrar al mono sentado tranquilamente sobre una piedra. Se acercó despacio, levantó un palo y le dio un golpe en la cola.
El mono gritó de sorpresa y dolor. En un salto llegó al árbol y siguió trepando entre chillidos.
Entonces el conejo sintió miedo. Había devuelto el daño, pero ya no se sentía seguro.
—Por las dudas, voy a cuidarme —dijo—. Debajo de las hojas tendré que vivir.
Y eligió aquel refugio para mantenerse a salvo.




