Biblioteca¿El entendimiento o la suerte?
Un campesino contempla la jarra de monedas de oro que su arado desenterró, junto a sus dos bueyes.

Tradición armenia · colección de Cilicia/Tauro y Erzurum · Relato tradicional

¿El entendimiento o la suerte?

Relatos armenios · testimonio inglés de 1898

6 min de lectura*12+ años · edad orientativa*
Empieza la historia

Selecciona un párrafo para guardar tu lugar. Con el teclado, usa Tab y luego Enter.

El Entendimiento y la Suerte discutían.

—Sólo por mí llega una persona a ser alguien —decía la Suerte.

—No. Es gracias a mí —respondía el Entendimiento.

Decidieron probarlo con un campesino que trabajaba cerca. La Suerte se acercó primero. Enseguida, la reja del arado desenterró una jarra. El hombre la abrió y encontró monedas de oro.

—¡Voy a ser rico!

Pero cambió de idea.

—¿Y si los ladrones se enteran? Vendrán a robarme y, si me resisto, me matarán.

En eso vio pasar al juez rumbo al pueblo. Decidió darle el oro y seguir con su vida tranquila de labrador. Corrió a llamarlo.

Antes de que el juez llegara, el Entendimiento entró en la cabeza del campesino. Éste escondió la jarra.

—Señor, como usted es un hombre instruido, dígame: ¿cuál de mis dos bueyes es mejor?

El juez se enfadó y se alejó reprendiéndolo. El Entendimiento también se fue.

—¡Qué cabeza la mía! —se lamentó el hombre—. Tendría que haberle dado el oro. Él era el indicado para tenerlo. ¿Qué voy a hacer yo con estas monedas? ¿Dónde las guardaré?

Pasó el resto del día pensando, sin trabajar. Al atardecer vio regresar al juez y le rogó que entrara un momento al campo. El juez sospechó que tanta insistencia debía tener algún motivo y lo siguió.

Para entonces, el Entendimiento había vuelto a la cabeza del hombre.

—Señor, usted que sabe tanto, dígame: ¿es más grande la parte que aré ayer o la que aré hoy?

El juez pensó que estaba loco y se marchó sonriendo. El Entendimiento volvió a irse. El campesino se golpeó la cabeza.

—¡Cabeza de zapallo! ¿Por qué no le di el oro? ¿Dónde lo guardaré?

Metió la jarra en la bolsa de la comida y llevó los bueyes a casa.

—¡Mujer! Guardá los bueyes, dales heno y entrá el arado. Voy a ver al juez.

Su esposa, que era astuta, notó que no soltaba la bolsa. Quiso averiguar qué llevaba.

—No me corresponde cuidar tus bueyes —respondió—. Bastante tengo con traer y ordeñar las vacas y atender a las ovejas. Guardá tus animales y después andá adonde quieras.

El hombre dejó la bolsa junto a la puerta y se ocupó de los bueyes. Ella la abrió, sacó la jarra de oro y puso una piedra redonda en su lugar.

El campesino llevó la bolsa al juez.

—Le traje un regalo.

La abrieron y apareció la piedra. El juez se enfureció. Sin embargo, pensó que el hombre ocultaba algo y lo mandó a prisión. Puso dos espías en su celda para que observaran cuanto hiciera y dijera.

El preso se puso a pensar y a medir con las manos: así de grande era la jarra, así de ancha la boca, así de abultada la panza, tanto oro había adentro.

Los espías informaron que hacía gestos, pero no hablaba. El juez lo llamó y le preguntó qué estaba midiendo.

El Entendimiento entró de nuevo en su cabeza.

—Pensaba que usted tiene una cabeza de este tamaño, un cuello así de ancho y una barba así de larga. Me preguntaba quién tiene la cabeza y la barba más grandes: usted o nuestro chivo.

El juez ordenó que lo mataran a golpes. Apenas empezó la paliza, el campesino gritó:

—¡No me peguen! ¡Voy a decir la verdad!

Lo llevaron de nuevo ante el juez.

—Ahora sí, ¿qué verdad tenés que decir?

—La verdad es que, si seguían pegándome, me iba a morir.

El juez se rio. Convencido de que sólo era un loco, ordenó soltarlo. El hombre regresó a salvo a su casa.

El Entendimiento y la Suerte se dieron la mano e hicieron las paces.

—La Suerte con el Entendimiento, y el Entendimiento con la Suerte, pueden hacer de una persona alguien.

Fin

¿Una historia para recordar?

Puedes volver siempre que quieras.

Detrás de esta historia.

Imagen simbólica: Un cuaderno abierto junto a tres pequeñas manzanas doradas y una lámpara; sin escritura legible.
Ilustración de su mundo literario

Recopilador y adaptador de la fuente inglesa

A. G. Seklemian

A. G. Seklemian reunió relatos armenios en The Golden Maiden (1898). En su presentación recuerda las historias escuchadas durante su infancia en Cilicia y sus notas posteriores, junto con dos libros del obispo Sirwantzdiants. Seleccionó versiones para el inglés y modificó expresiones...

Conoce su historia

Una historia, varios caminos.

Para conversar después

Ideas para compartir una vez que termina la historia.

Propuestas de lectura de Mitos y cuentos

Ideas y preguntas de nuestro equipo editorial para seguir pensando la historia. Puedes elegir las que te interesen o quedarte con tu propia lectura.

Con chicos

Para conversar con chicos

La suerte trae el oro, pero el hallazgo también trae miedo. El hombre pasa por varios peligros y su esposa guarda el tesoro sin decírselo. Podemos seguir quién sabe qué cosa, y notar que ni una moneda ni una ocurrencia resuelven todo por sí solas.

  • ¿Quién sabe que la jarra ya no está en la bolsa?

Una mirada adulta

Para una lectura adulta

La colaboración final no nace de una demostración limpia: el Entendimiento produce respuestas que preservan el secreto, pero también provocan una orden de muerte. La esposa asegura el oro mediante un engaño y el juez libera al hombre por una clasificación despectiva. La fortuna conjunta incluye contingencias que incomodan una moraleja simple sobre mérito racional.

  • ¿En qué momentos el ingenio protege al campesino y en cuáles agrava el peligro?

Una biblioteca abierta para leer en compañía o perderse un rato entre cuentos.

Tus favoritos y tu avance se guardan en este navegador.

¿Qué quieres leer?

Escribe al menos 2 caracteres.

A tu manera.

Un rincón cómodo para tu próxima historia.

Tamaño del texto
21 px
Luz

Las opciones para guardar como PDF dependen de tu navegador y dispositivo.

Comparte el enlace al cuento, sin tu avance ni tus marcadores.