BibliotecaSimbukumbukwana
Simbukumbukwana conversa con su hermana y las jóvenes junto a la casa y el fuego que ha hecho aparecer.

Cabo oriental · recopilación de George McCall Theal (1886) · Cuento tradicional

Simbukumbukwana

Relatos del Cabo oriental recogidos por Theal

6 min de lectura*13+ años · edad orientativa*
Empieza la historia

Un hombre, descontento porque su esposa no tenía hijos, fue a consultar a una igqirakazi, una mujer conocedora de remedios y prácticas rituales. Ella le pidió un ternero gordo para usar su grasa en un preparado.

El hombre llevó uno que no tenía cuernos ni cola. La mujer le anunció que tendría un hijo sin brazos ni piernas y le ordenó no contarle a nadie lo que había escuchado. Pero al volver él se lo contó a sus amigos.

Cuando su esposa dio a luz a una niña con brazos y piernas, el hombre se negó a reconocerla. Golpeó a su mujer y le ordenó abandonar a la bebé. Después fue a reclamarle a la igqirakazi.

—No guardaste el secreto —respondió ella—. Tu esposa todavía tendrá el hijo que te anuncié.

Así sucedió. Nació un niño sin brazos ni piernas, llamado Simbukumbukwana, que habló desde el primer día. Mientras tanto, su hermana crecía en el valle donde la habían dejado. Vivía en un hueco de un hormiguero y comía miel, nongwes que sacaba de la tierra y goma de los árboles.

Un día la madre dejó al niño en casa, cerró la puerta y fue a trabajar al huerto. La hermana se acercó.

—¿Dónde está la gente?

—Acá estoy —respondió una voz.

—¿Quién sos?

—Simbukumbukwana.

Ella le pidió que abriera. Él explicó que no tenía brazos ni piernas. Entonces la hermana cantó:

—Simbukumbukwana de mi madre, que tengas piernas y brazos.

Las extremidades aparecieron. Él se levantó y abrió la puerta. La muchacha barrió, molió mijo e hizo pan. Antes de irse le indicó que, si sus padres preguntaban, dijera que había trabajado él. Si le pedían repetirlo, debía contestar: «Ya lo hice».

Después cantó para que sus brazos y piernas desaparecieran de nuevo, y se marchó. Cuando los padres regresaron, el niño respondió tal como ella había dicho. Ellos no conseguían entenderlo.

Al día siguiente, la madre salió pero el padre se escondió para vigilar. La muchacha volvió, repitió el canto y entró a trabajar. Necesitaba agua para el piso, así que mandó a su hermano al río.

Simbukumbukwana estaba tan contento de caminar que dejó el recipiente junto al agua y siguió hasta una colina. Su hermana fue a buscarlo y lo llamó, pero él no regresó. Entonces cantó para retirarle las extremidades.

Cuando la joven se iba, el padre salió de su escondite, la abrazó y le dijo que se quedara con él. La madre, que volvía del huerto, vio a su hijo en la ladera. Le preguntó cómo había llegado hasta allí.

—Vine solo.

—Entonces mostrame cómo seguís.

—Ya lo hice —respondió él.

Ella lo cargó a la espalda y lo llevó a casa. Encontró allí a su hija y a su marido contento de haberla recuperado. La muchacha cantó otra vez, y Simbukumbukwana volvió a tener brazos y piernas.

Otro día, la hermana salió con unas jóvenes a buscar arcilla roja. El niño las siguió.

—¿Qué hacés acá? —le preguntó ella, enojada.

—Voy a buscar arcilla para mamá.

Lo obligó a sentarse, pero él volvió a seguirlas. Entonces le pegó y lo dejó en el camino.

Cayó una tormenta. Cuando pasó, las otras jóvenes propusieron volver a buscar al niño. Lo encontraron completamente seco: la lluvia no había caído donde él estaba.

—Me pegaste —le dijo a su hermana.

Ella le pidió perdón. Él anunció:

—Quiero que la casa de mi padre esté acá.

La casa apareció. Pidió también el fuego, y lo tuvieron encendido.

—Aunque me pegaste, hay una casa y un fuego para ustedes. Entren.

Después llamó al ganado de su padre. Los animales llegaron al instante. El lugar era agradable, y desde entonces se quedaron a vivir allí.

Fin

¿Una historia para recordar?

Podés volver siempre que quieras.

Detrás de esta historia.

Un libro abierto, hojas sueltas con manchas de color y una pluma bajo un árbol, ante un paisaje de agua y montañas.
Ilustración de su mundo literario

Recopilador y editor

George McCall Theal

George McCall Theal dirigió la recopilación y edición de relatos del Cabo oriental publicada en la edición de 1886 que consultamos. En su prefacio reconoce el trabajo de narradores, copistas y revisores locales, muchos sin nombre individual. Las historias proceden principalmente de...

Conocé su historia

Una historia, varios caminos.

Para conversar después

Ideas para compartir una vez que termina la historia.

Propuestas de lectura de Mitos y cuentos

Ideas y preguntas de nuestro equipo editorial para seguir pensando la historia. Podés elegir las que te interesen o quedarte con tu propia lectura.

Con chicos

La hermana primero ayuda al niño y después usa su poder para detenerlo. Más tarde él puede ofrecer refugio, pero también nombra con claridad el daño que recibió.

  • ¿Por qué Simbukumbukwana sigue caminando después de llegar al río?
  • ¿Qué cambia cuando dice «Me pegaste»?

Una mirada adulta

Los poderes circulan dentro de una familia donde el abandono y el control no desaparecen con el reencuentro. La capacidad de trasladar el hogar le permite al niño establecer el lugar del cuidado. La lectura no necesita presentar la movilidad como medida del valor humano ni el perdón como una obligación.

  • ¿Qué diferencia hay entre ayudar a alguien y controlar su cuerpo?
  • ¿Qué violencias reciben un pedido de perdón y cuáles quedan sin respuesta?

Una biblioteca abierta para leer en compañía o perderse un rato entre cuentos.

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