Una viuda vivía con un hijo y dos hijas. Un día fue al huerto con una de las jóvenes. Mientras estaban afuera, el muchacho discutió con la hermana que había quedado en casa y la mató.
La madre mandó a su otra hija a buscar algo. Al llegar, una mosca le dijo lo sucedido. La joven no le creyó. Un ratón se lo repitió, pero todavía se resistía a aceptarlo. Entonces la mosca le indicó dónde mirar, y allí encontró los restos de su hermana.
Cuando la madre regresó y descubrió lo ocurrido, mató a su hijo. Después entregó un bastón a la hija que le quedaba.
—Andá a casa de tu tío. Cuando llegues, golpeá el suelo con esto, y tu ropa y tus cosas van a salir de la tierra.
Le dijo también que pensaba quitarse la vida. La joven partió muy triste. Al mirar atrás comprendió que su madre había muerto.
En el camino, una anciana la llamó, pero ella siguió sin detenerse. Más adelante, junto a un río, encontró a un mbulu: un ser capaz de parecer humano, aunque no de desprenderse de su cola.
El mbulu propuso una regla: quien se mojara al cruzar tendría que bañarse. Antes de que la joven pasara, golpeó el agua con la cola y le salpicó la cara. Ella entró al río, y mientras se bañaba el mbulu tomó su ropa y se la puso.
—Devolveme mis cosas —pidió la joven al salir.
—Cuando estés seca.
Siguieron caminando. Ella volvió a reclamar.
—Cuando lleguemos a la aldea.
Pero, al llegar, el mbulu le ordenó:
—Vas a decir que sos mi sirvienta y que yo soy hija de un jefe.
La joven estaba tan asustada que obedeció. Los recibieron con honores. A algunos les extrañó la voz del supuesto personaje importante, pero el mbulu dijo que había estado enfermo y todavía tenía mal la garganta.
Un hombre de la aldea se casó con el mbulu. A la joven la enviaron a espantar pájaros de los cultivos. Mientras trabajaba cantaba lo que le había pasado: el robo de la ropa, el engaño y el ser que se hacía pasar por persona.
Las mujeres que trabajaban cerca empezaron a escuchar. Decidieron comprobar su historia. Sabían que la cola de un mbulu buscaba ratones y grasa, así que colocaron trampas.
Esa noche la cola salió a perseguir ratones y quedó atrapada. El mbulu dijo a su marido que estaba enfermo y lo mandó a buscar un remedio. Apenas salió, consiguió liberarse de la trampa.
Las mujeres prepararon otra prueba. Cavaron un hoyo, lo llenaron de leche e hicieron que todos los habitantes saltaran por encima. El mbulu se resistió, pero insistieron hasta que intentó pasar de un salto.
La cola no pudo resistir la leche: se hundió en el hoyo y quedó a la vista. La gente reconoció al mbulu, lo mató y lo enterró allí mismo.
Después, el hombre que se había casado con el impostor tomó por esposa a la joven. Ella tuvo un hijo. Un día, mientras el bebé jugaba, brotó de la tumba una calabaza cuadrada que intentó matarlo.
Los habitantes la cortaron en pedazos y la quemaron. Después arrojaron las cenizas al río para que nada más pudiera volver de aquel mbulu.



