La hija de un jefe había llegado a la edad de celebrar el ntonjane. Durante aquella ceremonia debía permanecer apartada en una casa, pero un día sus compañeras la convencieron de ir a bañarse al arroyo cercano.
Al salir del agua encontraron junto a sus mantos una serpiente de manchas negras: Isinyobolokondwana. Se quedaron inmóviles de miedo. Al fin una joven cantó su nombre y le pidió que le dejara recoger la ropa.
—Tomala y seguí —respondió la serpiente.
Una por una, las compañeras hicieron lo mismo y pudieron vestirse. La hija del jefe quedó última. En vez de pedir permiso, repitió unos sonidos burlones. La serpiente se enfureció y la mordió. Al instante, la piel de la joven quedó cubierta de manchas como las del animal.
Las otras huyeron. Para ocultar lo sucedido, pusieron a otra muchacha en la casa donde debía estar la hija del jefe. Ella, abandonada, fue al bosque y trepó a un árbol.
Mientras tanto, su padre había sacrificado un buey para la ceremonia. Mandó a un joven a cortar estacas con las que extender la piel. Cuando el muchacho comenzó su trabajo, oyó una voz:
—Hombre que cortás ramas, avisales a mi padre y a mi madre que Isinyobolokondwana me mordió.
La voz volvió a hablar. El joven corrió a contarlo sin buscar de dónde venía. El jefe lo envió otra vez, acompañado por dos muchachos, uno de ellos hermano de la joven desaparecida. Los acompañantes se escondieron mientras el primero cortaba madera.
La voz repitió su pedido, y esta vez el hermano la reconoció. Los tres se acercaron al árbol, hicieron bajar a la joven y la llevaron a casa.
El jefe descubrió el engaño. Furioso porque las compañeras habían sacado a su hija y luego la habían reemplazado, ordenó matarlas a todas. Después hizo llevar a su propia hija a un país lejano. Envió hombres para acompañarla y cuarenta cabezas de ganado, pero no quiso que permaneciera cerca de él.
Los acompañantes construyeron casas en aquel lugar y allí vivieron durante mucho tiempo. Las vacas daban más leche de la que podían consumir. Empezaron a verter el sobrante en un hoyo del suelo.
Entonces sucedió algo extraordinario: la leche subió, salió del hoyo y siguió creciendo hasta quedar suspendida como una enorme roca. Llamaron a la joven. Ella se acercó, curiosa, y aquella masa cayó sobre su cuerpo. Cuando la leche terminó de correr, las manchas habían desaparecido.
Poco después pasó un joven jefe y se enamoró de ella. Primero creyó que era hija de alguno de los hombres que la acompañaban. Ellos le explicaron quién era. El joven fue a ver a su padre, junto con hombres que contaron lo sucedido con la leche.
Ofreció al padre muchas cabezas de ganado y obtuvo su consentimiento para el matrimonio. La joven se convirtió en su esposa principal, y él la quiso mucho.



