BibliotecaLa vasija que multiplicaba
Una mujer saca un cepillo de una vasija de barro ante la mirada sorprendida de su marido.

Tradiciones de China · Cuento tradicional

La vasija que multiplicaba

Lo que el dinero no devuelve

3 min de lectura*12+ años · edad orientativa*
Empieza la historia

Mientras trabajaba la tierra, un hombre golpeó algo duro con su herramienta. Apartó los terrones y descubrió una vasija de barro, grande y honda. No estaba rota. La sacó del pozo y la llevó a su casa.

—Podemos usarla para guardar cosas —le dijo a su mujer—. Primero habrá que limpiarla.

Ella tomó un cepillo y empezó a frotar el interior. Apenas lo apoyó en el fondo, apareció otro cepillo. Lo sacó, pero en su lugar hubo dos más. Al retirar esos dos, encontró otros. Por muchos que sacara, la vasija siempre tenía cepillos nuevos.

El hombre empezó a venderlos. La familia, que antes vivía con dificultad, tuvo comida y todo lo necesario. Podían sacar otra tanda cuando se terminaba la anterior. El barro no mostraba ninguna grieta y el fondo nunca quedaba vacío.

Un día cayó una moneda dentro por accidente. Los cepillos desaparecieron. Enseguida, la vasija se llenó de monedas. El hombre metió las manos y sacó un puñado; donde habían estado esas monedas surgieron otras. Ahora podía obtener tanto dinero como quisiera.

En la casa vivía también su abuelo, que estaba viejo y tenía pocas fuerzas. Al nieto se le ocurrió ponerlo junto a la vasija para que sacara monedas con una pala. No le bastaba con lo que ya había reunido: quería que el trabajo continuara todo el día.

El abuelo empezó a cansarse. Sus manos temblaban, la pala pesaba y necesitaba descansar. Pero cuando disminuía el ritmo, el nieto se enojaba.

—¡Seguí! —le gritaba—. No seas haragán.

Una vez, las fuerzas del anciano se agotaron por completo. Cayó dentro de la vasija y murió.

El dinero desapareció. Cuando el hombre sacó el cuerpo de su abuelo, encontró otro igual en el fondo. Lo retiró, y apareció uno más. El recipiente que había multiplicado cepillos y monedas repetía ahora aquello que nadie podía devolver a la vida.

El hombre tuvo que sacar todos los cuerpos y darles sepultura. Para pagar los entierros gastó cuanto dinero había obtenido. Al terminar, la vasija se quebró.

Quedó tan pobre como al principio. La vasija ya no producía nada, y su abuelo no estaba.

Fin

¿Una historia para recordar?

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Detrás de esta historia.

Ilustración simbólica de la labor de Richard Wilhelm: libros, un rollo, un pincel y una pluma bajo una lámpara.
Ilustración de su mundo literario

Recopilador y traductor

Richard Wilhelm

Richard Wilhelm reunió y tradujo al alemán relatos chinos de procedencias diversas. Su colección combina narraciones transmitidas oralmente con textos literarios identificados en las notas. La edición inglesa de The Chinese Fairy Book, publicada en 1921, es la fuente histórica consultada para...

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Con chicos

La vasija repite lo que recibe; su dueño, en cambio, puede decidir cómo tratar a los demás. Cuando el abuelo necesita descansar, el nieto exige más. Es un cuento duro: la muerte no se arregla al perder el dinero. Podés hablar de lo que sentís al leerlo sin buscar una enseñanza que haga menos triste lo ocurrido.

  • ¿Qué necesidades de la familia ya estaban cubiertas antes de que aparecieran las monedas?
  • ¿Qué podía hacer el nieto cuando vio cansado a su abuelo?

Una mirada adulta

El mecanismo mágico permanece estable mientras cambian las decisiones humanas. La repetición de los cuerpos vuelve insoportable la abundancia que el nieto deseaba. La pérdida del dinero lo castiga, pero no repara a la persona dañada. Al final coinciden una cuenta económica saldada y una pérdida familiar irreversible. También el objeto importa: la fuente habla de una vasija abierta de barro, capaz de recibir cuerpos y herramientas, aunque el título inglés pueda hacer pensar en un barril.

  • ¿Qué diferencia hay entre un castigo y una reparación en este final?
  • ¿Cómo se puede conversar sobre el cuidado de una persona mayor sin reducirla a su capacidad de trabajar?

Una biblioteca abierta para leer en compañía o perderse un rato entre cuentos.

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