BibliotecaEl acertijo de los doce muertos
Una princesa busca entre sus libros la respuesta al acertijo del príncipe.

Grimm · lengua alemana · colección literaria de Jacob y Wilhelm Grimm, mediación inglesa de Margaret Hunt · Relato tradicional

El acertijo de los doce muertos

Grimm · lengua alemana · adaptación de fuente histórica

6 min de lectura*12+ años · edad orientativa*
Empieza la historia

Un príncipe quiso conocer el mundo y partió acompañado únicamente por un criado fiel. Una noche quedaron perdidos en un bosque sin encontrar refugio. Vieron a una joven que caminaba hacia una casita y le preguntaron si podrían dormir allí.

—Pueden, pero no se lo aconsejo —respondió con tristeza—. Mi madrastra practica malas artes y no quiere a los forasteros.

El príncipe comprendió que era la casa de una bruja. Como ya estaba oscuro y no tenía miedo, entró de todos modos. La anciana estaba junto al fuego, cocinando algo en una ollita. Los miró con sus ojos rojos y fingió recibirlos amablemente.

La joven les advirtió que no probaran comida ni bebida, porque su madrastra preparaba venenos. Los viajeros siguieron el consejo y pasaron la noche sin daño.

Por la mañana, cuando el príncipe ya estaba montado, la bruja ofreció una bebida de despedida. Mientras iba a buscarla, él se alejó. El criado se quedó ajustando la montura.

—Llevásela a tu amo —ordenó la vieja al volver.

En ese momento el vaso se rompió. El líquido salpicó al caballo, que cayó muerto: el veneno era tan fuerte que bastó tocarlo. El criado corrió a contarle lo sucedido al príncipe y después volvió por la silla, que no quería abandonar.

Encontró un cuervo comiendo la carne del caballo.

—Quién sabe si hoy conseguiremos algo mejor —pensó.

Mató al ave y se la llevó. Siguieron todo el día por el bosque sin encontrar la salida. Al anochecer llegaron a una posada. El criado entregó el cuervo al dueño para que preparara la cena.

Habían entrado, sin saberlo, en una guarida de asesinos. Esa noche llegaron doce hombres que querían matarlos y robarles. Antes se sentaron a comer con el posadero y con la bruja. Les sirvieron una sopa hecha con la carne del cuervo. Apenas probaron un par de cucharadas, cayeron todos muertos: el ave había transmitido el veneno del caballo.

Solo quedó en la casa la hija del posadero. Era honrada y no había participado en aquellos crímenes. Abrió las habitaciones y mostró al príncipe los tesoros acumulados. Él le dijo que podía quedarse con todo, porque no quería nada, y continuó el viaje con su criado.

Mucho después llegaron a una ciudad donde vivía una princesa hermosa y orgullosa. Había anunciado que se casaría con quien le propusiera un acertijo que no pudiera resolver en tres días. Si lo adivinaba, al pretendiente le cortarían la cabeza. Ya habían muerto nueve.

El príncipe quedó tan deslumbrado por su belleza que decidió arriesgar la vida. Se presentó y dijo:

—Uno no mató a ninguno, y sin embargo mató a doce. ¿Qué es?

La princesa pensó, buscó en sus libros y volvió a pensar. No encontró respuesta. Mandó entonces a una criada a la habitación del joven: quizá hablara en sueños y revelara la solución.

Pero el criado fiel había ocupado la cama de su amo. Cuando la mujer entró, le arrancó el manto con que se cubría y la echó a golpes de vara.

La segunda noche la princesa mandó a una dama de su servicio. El criado también le quitó el manto y la expulsó del mismo modo.

Para la tercera noche, el príncipe se creyó seguro y se acostó en su propia cama. Esta vez llegó la princesa, envuelta en un manto gris como la niebla. Se sentó a su lado y esperó hasta creer que soñaba. Él estaba despierto y entendió cada palabra.

—Uno no mató a ninguno. ¿Qué significa? —susurró ella.

—Un cuervo que comió de un caballo muerto y envenenado, y murió por eso.

—¿Y sin embargo mató a doce?

—Doce asesinos comieron el cuervo y murieron.

Cuando la princesa quiso irse, el príncipe sujetó su manto. Para escapar tuvo que dejarlo en sus manos.

A la mañana siguiente, ella convocó a doce jueces y anunció que había resuelto el acertijo. Expuso la respuesta, pero el joven pidió hablar.

—Entró de noche en mi habitación y me preguntó. De otro modo no habría podido saberlo.

Los jueces exigieron una prueba. El criado llevó los tres mantos. Al ver el gris, que la princesa usaba habitualmente, dijeron:

—Que lo borden con oro y plata. Será el manto de tu boda.

Fin

¿Una historia para recordar?

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Detrás de esta historia.

Jacob y Wilhelm Grimm
Fuente del retrato

Recopiladores y editores

Jacob y Wilhelm Grimm

Jacob y Wilhelm Grimm fueron hermanos e investigadores de la lengua alemana, nacidos en Hanau. Reunieron y reelaboraron cuentos que recibieron de distintas personas, muchas de ellas mujeres. La primera edición de sus «Cuentos de la infancia y del hogar» apareció en...

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Para conversar después

Ideas para compartir una vez que termina la historia.

Propuestas de lectura de Mitos y cuentos

Ideas y preguntas de nuestro equipo editorial para seguir pensando la historia. Podés elegir las que te interesen o quedarte con tu propia lectura.

Con chicos

Para conversar con chicos

El príncipe guarda una prueba de que la princesa consiguió la respuesta a escondidas. Saber una solución no es lo mismo que haberla descubierto de la manera acordada.

  • ¿Por qué los jueces necesitan ver el manto y no se quedan solo con lo que dice cada uno?

Una mirada adulta

Para una lectura adulta

La competencia tiene apuestas desiguales: los pretendientes arriesgan la vida y la princesa, el matrimonio. El príncipe vence mediante una prueba del engaño, sin que el cierre cuestione las nueve muertes anteriores.

  • ¿Qué se considera una prueba válida en la corte y qué violencia queda fuera de ese juicio?

Una biblioteca abierta para leer en compañía o perderse un rato entre cuentos.

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