BibliotecaEl Sol, la Luna y la visita del Agua
El Sol y la Luna permanecen sobre el techo de su casa mientras el Agua llena el patio y trae peces.

Recopilación de Dayrell, sur de Nigeria · Mito

El Sol, la Luna y la visita del Agua

Una invitación que crece

4 min de lectura*6+ años · edad orientativa*
Empieza la historia

Antes de vivir en el cielo, el Sol tenía una casa en la tierra. La compartía con la Luna, su esposa. No muy lejos vivía el Agua, que era amiga del Sol desde hacía muchísimo tiempo.

El Sol la visitaba seguido. Se quedaba a conversar en la orilla, veía pasar peces y regresaba a su casa con ganas de volver. Pero había algo que no entendía: el Agua nunca iba a visitarlo a él.

—¿Por qué no venís a mi casa? —le preguntó un día—. Yo voy a la tuya y vos nunca venís a la mía.

—Porque tu casa es demasiado chica —contestó el Agua—. No podría ir sola. Conmigo vendrían mis peces, mis animales y muchísima más agua. Ocuparíamos tanto lugar que terminaríamos echándote.

El Sol miró aquella extensión brillante. Le pareció que la dificultad tenía arreglo.

—Puedo hacer un patio más grande.

—Tendría que ser enorme —insistió el Agua—. Mucho más grande de lo que te imaginás.

El Sol volvió a casa y le contó a la Luna su promesa. Al día siguiente empezó a construir un gran recinto. Cuando estuvo terminado, miró de una punta a la otra, satisfecho, e invitó a su amiga para la mañana siguiente.

El Agua llegó hasta la entrada y llamó.

—¿Seguro que podemos pasar?

—¡Sí, pasen! —dijo el Sol.

Entró primero una corriente, después otra. Los peces se deslizaron por el patio y detrás llegaron más habitantes del agua. Muy pronto, el Sol y la Luna estaban parados en una laguna que les alcanzaba las rodillas.

—Todavía falta mucha gente —advirtió el Agua—. ¿Seguimos?

El Sol volvió a decir que sí. La corriente subió hasta la altura de una persona. Ya no se veía el suelo del patio, y los anfitriones tuvieron que buscar un lugar más alto.

—¿Querés que entren los demás? —preguntó otra vez su amiga.

—¡Sí! —respondieron ahora el Sol y la Luna juntos.

Subieron al techo. Desde allí vieron entrar a más peces, más animales y más agua. Cuando la visita volvió a pedir permiso, el Sol mantuvo su invitación. El agua alcanzó el techo, lo cubrió y siguió creciendo.

Entonces el Sol y la Luna ya no encontraron dónde ponerse dentro de su propia casa. Se elevaron hasta el cielo y se quedaron allí. Así cuenta esta historia que llegaron al lugar desde donde los vemos hoy: una visita demasiado grande había llenado todos los rincones de su hogar.

Fin

¿Una historia para recordar?

Podés volver siempre que quieras.

Detrás de esta historia.

Ilustración simbólica de la recopilación de Elphinstone Dayrell: un cuaderno, tinta y una pluma ante un río y hojas de palmera.
Ilustración de su mundo literario

Recopilador

Elphinstone Dayrell

Elphinstone Dayrell reunió los relatos de Folk Stories from Southern Nigeria, publicado en 1910. Trabajaba como funcionario colonial británico y su libro lleva una introducción de Andrew Lang. Esta selección conserva historias de animales, banquetes y transformaciones. La fuente identifica algunos escenarios,...

Conocé su historia

Una historia, varios caminos.

Para conversar después

Ideas para compartir una vez que termina la historia.

Propuestas de lectura de Mitos y cuentos

Ideas y preguntas de nuestro equipo editorial para seguir pensando la historia. Podés elegir las que te interesen o quedarte con tu propia lectura.

Con chicos

El Agua avisa que necesita mucho espacio y pregunta varias veces si puede seguir entrando. El Sol y la Luna responden que sí, aunque cada vez tienen menos lugar. Podés seguir la subida del agua con un dibujo de la casa: patio, rodillas, cabeza, techo. El cuento también deja imaginar qué podría decir un anfitrión que quiere mucho a su visita y necesita cambiar el plan.

  • ¿En qué momento habría servido parar y pensar otra forma de encontrarse?
  • ¿Qué palabras podría usar el Sol para recibir a su amiga sin quedarse sin casa?

Una mirada adulta

La repetición de la pregunta vuelve visible algo que una invitación inicial deja abierto: las condiciones cambian mientras ocurre el encuentro. El Agua comunica su tamaño y consulta; los anfitriones siguen aceptando. El desenlace admite humor, sorpresa y una lectura sobre la dificultad de revisar una promesa. La hospitalidad transforma literalmente el mundo de quienes ofrecen su casa. Volver a cada intercambio permite preguntarse cuánto entienden los personajes de lo que están aceptando y qué alternativas podrían imaginar juntos.

  • ¿Cómo cambia el sentido de cada sí a medida que sube el agua?
  • ¿Qué diferencia hay entre hacer lugar para otra persona y no poder revisar lo que ofrecimos?

Una biblioteca abierta para leer en compañía o perderse un rato entre cuentos.

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