Tres hermanas volvieron a la casa de sus padres para festejar un cumpleaños. La mayor llegó con su marido, que era médico. La segunda vino con el suyo, que era magistrado. La menor, famosa en la familia por sus respuestas rápidas, estaba casada con un campesino.
Los padres prepararon una comida y sirvieron vino. Los tres cuñados se sentaron juntos. El médico sabía que el campesino no había ido a la escuela y quiso hacerlo pasar vergüenza.
—Tomar así, sin ninguna diversión, es aburrido. Propongo un juego: cada uno inventa cuatro versos. Tienen que hablar del cielo, de la tierra, de la mesa y del cuarto. Además, tienen que rimar y tener sentido. El que no pueda, toma tres copas.
El campesino quiso levantarse. Sus compañeros lo hicieron quedar. Ya habían decidido divertirse a costa de él y no pensaban dejarlo salir tan fácilmente.
El médico acomodó la voz y recitó: «En el cielo vuela el fénix de día; en la tierra un corderito se cría; en la mesa un libro antiguo me espera; en el cuarto llamo a la camarera».
El magistrado siguió: «En el cielo la torcaza va volando; en la tierra un buey está escarbando; en la mesa leo para aprender; en el cuarto la criada va a barrer».
Llegó el turno del campesino. Buscó una rima, encontró otra palabra, perdió la primera. Finalmente soltó, a los apurones:
—En el cielo vuela una bala. En la tierra anda un tigre. En la mesa hay unas tijeras. En el cuarto llamo al mozo del establo.
Los otros dos golpearon la mesa de la risa.
—¡Eso no rima! Y tampoco tiene sentido. ¿Para qué querés al mozo del establo adentro del cuarto? ¡Ahora te toca beber!
Antes de que acercaran las copas, la hermana menor apartó la cortina del cuarto donde estaban las mujeres.
—¿Quién dijo que no tiene sentido? La bala puede alcanzar al fénix y a la torcaza. El tigre puede comerse al cordero y al buey. Las tijeras pueden cortar todos esos libros. Y el mozo del establo puede casarse con la criada. Ahí tienen: cada cosa encontró con qué juntarse.
El médico dejó de reírse de su cuñado y se rio de su propia derrota.
—Sabés responder, cuñada. Si fueras varón, ya tendrías un título. Las tres copas las vamos a tomar nosotros.
Así terminó el juego. Quien no había sido invitada a improvisar encontró la respuesta que ninguno de los dos hombres instruidos había previsto.



