Un campesino tendió redes sobre su campo recién sembrado y atrapó varias grullas que venían a comerse las semillas. También cayó una cigüeña, que se quebró una pata y le suplicó que la dejara vivir.
—¡Dejame libre por esta vez! Mi pata rota debería darte lástima. Además, no soy una grulla: soy una cigüeña, un ave de buena conducta. Quiero a mis padres y trabajo mucho por ellos. Mirá mis plumas: no se parecen en nada a las de una grulla.
El campesino se rio a carcajadas.
—Puede ser verdad todo lo que decís. Yo sólo sé que te atrapé con estas ladronas y que vas a morir con ellas.
Las aves del mismo plumaje se juntan.



