Una tortuga tomaba el sol y se quejaba ante las aves marinas de su mala suerte: nadie quería enseñarle a volar.
Un águila que planeaba cerca la escuchó.
—¿Qué me darías si te llevara a lo alto y te hiciera flotar en el aire?
—Todas las riquezas del mar Rojo.
—Entonces te enseñaré a volar.
El águila la sujetó con las garras y la llevó casi hasta las nubes. De pronto la soltó. La tortuga cayó sobre una montaña y su caparazón se hizo pedazos.
Mientras moría, exclamó:
—Me merezco esta suerte. ¿Qué tenía que hacer yo entre alas y nubes, si apenas puedo moverme por la tierra?
Si las personas obtuvieran todo lo que desean, muchas veces se arruinarían.



